El acueducto está abandonado

Este verano veíamos cómo ardía Castilla y León y se quemaban más de 150.000 hectáreas en las provincias de León, Salamanca y Zamora, con superficies importantes también en Ávila. El incendio afectó gravemente a Las Médulas, que están declaradas Monumento de la Humanidad por la UNESCO; descubrimos entonces que no tenía ningún plan de prevención ni de extinción en caso de incendio y quedaron completamente devastadas por el fuego. No es comprensible que no existiera este Plan, porque además se trata de un Monumento Natural, desde el punto de vista del paisaje y de los valores naturales.

En Castilla y León contamos con ocho bienes declarados patrimonio de la humanidad; somos la región que mayor número tiene de Europa. Tenemos ciudades, yacimientos como Atapuerca y Siega Verde, el camino de Santiago, la catedral de Burgos, esta última con un Plan Director de vigilancia y mantenimiento ejemplar, y que dirige el cabildo catedralicio, con aportaciones externas económicas muy importantes.

En Segovia, declarada Patrimonio de la Humanidad, con el Acueducto como principal monumento en este reconocimiento, nos encontramos que está completamente abandonado a su suerte. El titular de esta impresionante obra que cuenta con 2000 años de antigüedad es el Ayuntamiento de la ciudad.

En estos días he tenido la magnífica oportunidad de reunirme con Glen Murray, que es un buen conocedor del Acueducto, que lleva viviendo 40 años en Segovia y que es un apasionado de la defensa y protección de este emblemático monumento, único en el mundo. Tenemos la suerte de que, de forma totalmente altruista, ha cogido la bandera de su defensa.

Estuve recorriendo con él cada uno de los pilares afectados por el daño que están sufriendo en la parte inicial de cada uno de ellos, exclusivamente porque los turistas que vienen a Segovia se apoyan para tomar fotografías y eso provoca un desgaste de la piedra. No saben qué se daña, nadie les ha advertido, ni tienen por qué saberlo.

Si visitamos el primer arco del acueducto situado en la parte más alta del mismo, subiendo por la escalera del postigo, se puede apreciar el deterioro de este arco, lleno de moho y suciedad porque la vegetación y los gatos viven encima del mismo y se llena de agua de lluvia.

Glen pasa todos los días por el Acueducto y tiene conocimiento de todos los daños que sufre; ha podido valorar cómo abordar la solución al cuidado de este monumento que, como él mismo me señalaba, es el más frágil de todos los monumentos existentes con esta antigüedad, ya que no se puede evitar que pase la gente por sus arcos; está en medio de la ciudad, no se puede cerrar ni vallar, hay que protegerlo, pero permitiendo el tránsito de personas y de los coches en caso de urgencia. Es una tarea francamente compleja, pero a la vez sencilla de llevar a cabo, que Glen, desde el análisis profundo de la cuestión y de su conocimiento del patrimonio histórico, ha hallado.

Se trataría de colocar unas placas en el suelo que advirtieran de no tocar el monumento, colocando al mismo tiempo en lugares adecuados unas cámaras de videovigilancia y una vigilancia aleatoria.

Creo que es una solución muy acertada e imprescindible. Hace falta también un plan real de seguimiento y mantenimiento del Acueducto, y debería ser la Junta de Castilla y León quien lo ejecutara. Este monumento debería tener una dotación y un control de primer nivel y debería avocarse la competencia para garantizar que todas las dotaciones económicas previstas para el Acueducto se gastan y no se quedan sin utilizar, como ha pasado últimamente.

El Acueducto de Segovia es PATRIMONIO MUNDIAL; no merece estar abandonado, tiene que ser objeto de la máxima atención. Todos los que lo conocemos queremos seguir admirándolo y queremos que siga siendo admirado por todos los que nos visitan.

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