León XIV contra la ultraderecha; el PP con la ultraderecha

Hace ya unos meses que la plana mayor de la Conferencia Episcopal visitaba al Papa León XIV en Roma y ahora nos hemos enterado de que, entre otras cuestiones, Argüello y compañía se vinieron con un recadito del agustino elegido como sucesor de Pedro: “la sociedad y la Iglesia en España tienen ante sí un gran desafío: la ultraderecha que busca instrumentalizar la Iglesia y ganarse el voto católico”.

Me hubiera encantado ver la reacción de uno de los presentes en esa reunión: el ultraderechista arzobispo de Oviedo, Monseñor Montes. Se revolvería en su silla y por lo bajini pondría suave a Su Santidad.

Porque el racista, machista y lgtbifóbico Montes, que tan indignamente viste el hábito franciscano, es el vivo ejemplo del ala más dura, reaccionaria y vergonzante de la Iglesia en España.

“No es cosa menor, dicho de otra manera, es cosa mayor”, en palabras de Rajoy, que todo un señor Papa cante las cuarenta a la cúpula de la Iglesia en esta materia, amén de en otras como la tibia respuesta ante los innumerables casos de abusos sexuales. (Por cierto, que ahora nos hemos enterado de que la Conferencia Episcopal sigue pagando el pisito de soltero al exobispo Zornoza, investigado por abusos sexuales).

Hasta el Papa, que como dijo Argüello tras el encuentro, “ha demostrado conocer bien España”, ha alertado del intento de connivencia de la Iglesia en nuestro país con el partido verde de ultraderecha. Un “desafío” en toda regla al que mucho me temo que parte de la jerarquía no solo no quiere hacer frente, sino que acoge e impulsa con verdadero ardor evangélico, si me permite usted la ironía.

Porque, es cierto que el presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, valoró positivamente el proceso de regularización extraordinaria de inmigrantes impulsado por el Gobierno con estas palabras: “es una buena noticia para facilitar la aportación al bien común de muchos inmigrantes que ya estaban trabajando, participando en la escuela, la sanidad y servicios sociales y, a veces, malviviendo entre nosotros. Se reconoce así su dignidad”. Pero también es cierto que el ultraderechista arzobispo Montes sacó de nuevo la patita en este asunto: “todos no caben”, espetó.

Vamos, que de franciscano le queda el hábito, porque parece haber olvidado aquellas maravillosas palabras del pobre de Asís: “Señor, haz de mí un instrumento de tu paz. Donde haya odio siembre yo amor,…donde hay desesperación, esperanza”.

Y mientras la Iglesia jerárquica rumia la advertencia de León XIV y anda dividida en su affaire con la ultraderecha, el que ya no esconde su amor platónico e interesado a la vez con el partido verde, es el que no es presidente del Gobierno porque no quiere.

Feijóo parece haberse cansado de las ideas y venidas de Guardiola en Extremadura que convocó elecciones con la excusa de dar estabilidad a su tierra y ya van más de dos meses de desencuentros con su socio necesario para formar gobierno. Y parece temer también que en Aragón Azcón no logre gestionar bien las negociaciones. Y parece dar un toque de atención a un Mañueco que habla de nueces y certezas y promesas como si no llevaran 40 años “gobernando” esta tierra.

Así que don Alberto se ha puesto a hablar de “violencia doméstica”, «rechazo a las políticas climáticas que destruyen empleo» y de “reducir subsidios». Toda una carta de amor desesperada a ver si los del partido verde se dejan querer un poquito más.

En definitiva, un despropósito al que ya no se puede poner coto en Extremadura ni Aragón. Pero que estamos a tiempo de evitar en Castilla y León y, cuando toque, en el gobierno central.

Ya he expresado otras veces que no soy partidario de una abstención del PSOE para que el PP no dependa del partido verde de ultraderecha. Soy partidario de trabajar antes de que las urnas se llenen de votos verdes para evitarlo.

Pero el panorama, amigo lector, es el que es: nuestros particulares Pimpinela seguirán con sus idas y venidas para cuando llegue la hora de la verdad: cenita romántica con velita incluida y a caminar juntitos hasta la próxima cita electoral.

Lo peor de todo es que de esa cenita romántica quedarán muchos despojos y en ese caminar juntitos dejarán a muchos atrás.

Yo, desde luego, no me resigno ni me cruzaré de brazos. Y, en esto, estoy más con León que con Alberto. En fin, #YoYMisCosas ….

 

Rubén García de Andrés

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