Lo primero que tengo que decir es que escribo estas líneas desde la posición de inmigrante. Yo no sé si ser inmigrante pueda llegar a ser algo genético pero mi periplo no empezó conmigo. Que yo sepa, por lo menos mi abuelo hizo el mismo viaje, pero a la inversa. Mi abuelo nació en Asturias, en un pueblo llamado Pancar. En 1895, con 14 años, se embarcó a México donde hizo prácticamente toda su vida hasta que murió de cáncer. Curiosamente, dos generaciones después, a mí me tocó conocer a una persona maravillosa nacida en Asturias -un poco por casualidad- y aquí estamos, desde hace casi 20 años. Antes de venir a España también estuve viviendo en Estados Unidos, allí viví otro tipo de relación como emigrante. Mientras que en España ser mexicano no tiene en realidad un estigma marcado de forma negativa, en Estados Unidos sí, y aun así, yo nunca me sentí personalmente atacado por el racismo. Dicho esto, creo que puedo hablar con conocimiento de causa sobre lo que es ser inmigrante y de lo que desde mi punto de vista significa, por un lado, ser parte de una sociedad, y no serlo al mismo tiempo.
La historia de mi abuelo es como tantas otras historias que además se repiten década tras década, generación tras generación, sin importar el origen. Mi abuelo huía de la pobreza, buscó un sitio mejor y lo encontró. Años después y antes también, miles y miles de españoles han llegado a México y muchos de ellos han tenido la gran fortuna de encontrar un sitio adecuado para lograr su sueño. Podría extenderme mucho y hablar de todo lo que he leído sobre la inmigración española en México, pero yo creo que todos somos conscientes de lo que pasó. Sí que quiero mencionar especialmente la llegada de los exiliados españoles después de la guerra civil, cuando llegan los primeros barcos llenos de españoles a Veracruz, huyendo de la represión de la dictadura y siendo recibidos por miles de veracruzanos con pancartas enormes en donde se leía “BIENVENIDOS”.
Yo creo que una reacción así no se ha vuelto a ver y tristemente, muy probablemente, no volverá a ocurrir.
Hoy, el contexto es muy diferente. El Gobierno español acaba de promulgar una ley en la que le permite trabajar y vivir dignamente a las personas que estaban en España sin los documentos necesarios para estar aquí, y parece que hay mucha gente que no está de acuerdo, cosa que, si no hay análisis e información detallada y contrastada, podría entender. Porque los bulos se crean y los que los crean sabes cómo hacerlo y hacia quien dirigirlos, la estrategia de la ultraderecha de convertir al inmigrante en enemigo es vieja y da resultados, sólo es cuestión de poner un poco de salsa por aquí, pimienta por allá, sal marina a mansalva y servir el plato en el comedor adecuado.
Los bulos son muchos, y son más o menos estos:
- Gente llega de fuera, se empadrona en pisos patera o con falsa información y con ello es suficiente para recibir ayudas del gobierno, ayudas que además imposibilita a los españoles recibirlas porque no hay para todos.
- Los inmigrantes son los mayores infractores de la ley, son peligrosos, violan y generan violencia.
- Vienen a robar los empleos, trabajan por menos del mínimo, quitando oportunidades de trabajo a los españoles.
- Es una invasión, en unos años, la cultura, la religión, las costumbres y tradiciones serán extranjeras, haciendo desaparecer la española.
Podría, pero no lo voy a hacer, desmentir cada una porque todas son falsas, pero creo que, si alguien no está de acuerdo, es muy fácil buscar información fidedigna y salir de dudas por ellos mismos, creo que es lo mejor para su educación cívica.
Pero ¿de verdad aportan algo los inmigrantes? Veamos algunos datos:
La población española sufre de un grave problema de envejecimiento, y los nuevos residentes vienen a suplir esa mano de obra, la cual, antes era especialmente en trabajos físicos, como la construcción y la hostelería, pero que cada vez más se mueven a profesiones mas especializadas, como las finanzas, la salud o la tecnología. El PIB español, de los mas altos de Europa, crece entre un 0.4 y un 0.7 % adicional por los inmigrantes. Más de 3 millones de afiliados a la Seguridad Social son inmigrantes, un 14% del total.
La reforma del Reglamento de Extranjería y el proceso para legalizar a cerca de 500.000 personas (la iniciativa legislativa popular aprobada) plantea un escenario de «win-win» económico:
- Impacto Fiscal Inmediato: Se estima que la regularización aumentará los ingresos públicos en unos 3.000 a 4.000 euros netos por trabajador al año. Esto se traduce en una inyección de hasta 1.500 – 2.000 millones de euros anuales adicionales para el Estado a través de IRPF y cotizaciones (Fuente: Fundación porCausa / Diario Público).
- Afloramiento de Economía Sumergida: Al pasar del sector informal al formal, estos trabajadores ganan derechos, pero también incrementan el consumo legal y la base imponible del IVA.
- Efecto en el Emprendimiento: Se proyecta la creación de hasta 70.000 nuevas altas de autónomos lideradas por este colectivo en los próximos dos años (Fuente: UPTA, 2026).
Dato Clave: Por cada euro que el Estado invierte en la integración de una persona regularizada, recibe un retorno de 2,2 euros en impuestos y cotizaciones a medio plazo.
Además de los datos económicos, es verdad que hay que pensar en los demás aspectos, es necesario que haya un equilibrio entre estos datos y lo que conlleva convivir día a día con gente que viene con ideas y costumbres diferentes, lo cual no significa que sea malo. Es verdad que es necesario crear mas programas de integración, que el inmigrante encuentre la manera de entender el sitio que ocupa y que sea respetuoso con su entorno. Yo lo hago, intento ser ejemplar porque entiendo que más allá del individuo, la gente se hará una imagen de mi origen en base a mi comportamiento, y eso para mí es importante.
Para terminar: recientemente hice una prueba de ADN, tenía curiosidad por conocer, aún sabiendo que no es 100% exacto, los orígenes, mi herencia genética. La verdad es que no fue ninguna sorpresa, pero sí que ayuda a reflexionar en esto: nacer en un sitio en particular es una lotería, y que sin ese espíritu que hace que la gente se mueva, tú no serías lo que eres.
«Recuerden, recuerden siempre, que todos nosotros, y ustedes y yo especialmente, descendemos de inmigrantes y revolucionarios.»
Franklin Delano Roosevelt.
