Y de regalo… Hago “Chas, y aparezco a tu lado”

Hace escasamente una semana que cumplí treinta y nueve años. No lo digo para que me felicitéis, no soy tan protagonista, pero cuando cumples un nueve, cuando llega el final de una década, el último escalón de una planta, te planteas muchas cosas.

No es que esté preocupada por el futuro. Hoy en día las mujeres vivimos una de nuestras mejores plenitudes a los cuarenta. Tenemos una belleza madura (si no la estropeamos), combinada con una experiencia de la vida que nos hace especialmente atractivas. Aquí el que no se consuela es porque no quiere. Pero viene también implícita la crisis de los cuarenta. Y el saber qué cosas tienes que cambiar de tu vida para que lo que resta de camino sea mucho más satisfactorio. Y la decisión de hacerlo.

Las crisis estas personales no son fáciles. Aunque lo bueno es que están ya muy integradas en la sociedad. Hablamos con normalidad de ellas. Y, si no, no hay más que ver cómo hemos aceptado lo de los Therian.

Hablemos de los Therian. Para los adultos que no me entiendan, es un movimiento que se escucha mucho en los últimos tiempos ligado a la identidad. No os preocupéis que os lo explico en lenguaje más coloquial. Son personas que se identifican y comportan como animales. Que en realidad llevamos viéndolo toda la vida, pero no tenía un nombre que lo definiera.

No seáis malos. Sé que pensáis en gente cercana y no iba a eso. Me refería a que para comportamientos que no tienen mucho de humanidad, tenemos las guerras. Lo de los conflictos armados. Eso que con la evolución de la humanidad pensábamos que tendería a desaparecer. Pero no.

Cuatro días antes de mi cumpleaños me hicieron un regalo raro. Estados Unidos e Israel comenzaron una ofensiva contra Irán, para tratar de eliminar el régimen Iraní. Sí, en mi último artículo hablábamos de Maduro y Venezuela, pues hoy tenemos un capítulo nuevo con Irán y Jomeini.

Mismo modus operandi. Llega la noche y “hago chas… y aparezco a tu lado” (imposible no cantarla, ¿eh?). Con este además se aseguró de que no pudiera escaparse y lo mató. No tenemos la foto con el chándal que será líder en ventas ni nada por el estilo. Cachis…

Pero claro, es que Irán no es Venezuela. Vaya por delante mi solidaridad con el pueblo iraní. Sobre todo, con las mujeres. Que suena frívolo quejarse de la crisis de los cuarenta cuando a algunas las lapidan por hablar más de lo que consideren necesario. Cuando no pueden elegir qué decir, cómo vestir, qué hacer o de quién enamorarse. Los iraníes juegan duro.

Entonces Irán, que no es Venezuela, aunque también maneja esto del petróleo (¡anda! Qué cosas…), responde como los árabes saben. Porque las guerras árabes no son poca cosa. Son las más largas de la historia. Las más sangrientas.

En este momento nos encontramos ante un escenario muy poco halagüeño. Todo Oriente Medio tirándose bombas. Porque Irán no responde a Trump que, por cierto, sólo ayudaba a Israel, pero ha hecho la guerra suya. Irán responde contra todo aquel que ayude en cualquier materia a su enemigo (que es Israel). Espacios aéreos cerrados. Personas, sí, personas humanas, que no pueden regresar a sus casas. Que jamás hubieran pensado que vivir o visitar uno de los países más desarrollados como Emiratos Árabes, Qatar…(¡uy! Más petróleo, el mundo es un pañuelo) pudiera acabar en esto. Porque esto estaba superado.

Por otro lado, la implicación económica, claro. Irán cierra el estrecho de Ormuz por el que pasaban barcos con petróleo. Los combustibles suben de precio. La incertidumbre internacional aumenta porque, ¿alguien piensa, de verdad, que esto puede durar unas pocas semanas? Es una guerra árabe, insisto. Así que costes energéticos en ascenso, cierre de transacciones comerciales, pérdida de competitividad. Mal.

Y, entre medias, los españolitos tenemos que dar la nota. Y hacer que Mr Trump, POTUS para sus amigos, que trata de ser el hombre más poderoso del mundo y no tiene límites, saque un ratito para hablar de nosotros. Porque nos posicionamos en el populismo de las flores y los corazones. Y decimos que este rollo no va con nosotros. A ver si, ahora que estaba tranquilo con los aranceles, vuelve a la carga.

La guerra no es buena para nadie. No voy a entrar en el “No a la guerra” porque es algo que se sobreentiende. No necesitamos slogans. Pero España es un gran país y a veces tenemos que posicionarnos. Porque ya somos mayores (yo casi cuarenta), y los mayores tienen que tomar decisiones, y no ponerse de lado. Y tenemos que defendernos, porque no todos tienen esa filosofía de paz y amor y debemos estar preparados. Y ayudar a nuestros aliados sin necesidad de dar un poco la nota antes. Es momento de estar, y punto. Pero claro, para eso hay que saber quiénes son nuestros aliados…

Fijaos, he hecho un artículo sin mencionar las elecciones de Castilla y León del domingo, esto de hacerme mayor no deja de sorprenderme…

Muchísimas gracias por esas felicitaciones del principio, que sé que era lo más importante. En mis “taitodos”… Seguiré pidiendo perdón.

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