Cuando me ofreció Javi este espacio, me lo pensé; rápidamente me vine arriba. Un espacio donde opinar, escribir, meterme en charcos… era mi sueño, pero rápidamente me asaltaron las dudas y, ¿por qué no decirlo?, el pudor. He tardado bastante en contestarle, y más aún en mandar algo; eran tantos los temas, tantas ideas que me asaltaban la cabeza que no me atrevía con ninguna. Si a esto le sumamos mi conocida afición a procrastinar, parecía que este día nunca iba a llegar.
Pero aquí estoy, para hablar, sin pretensiones, sin miedo y para hacer hoy una pequeña declaración de intenciones. Hablaré de mí. De mi pueblo y demás cosas, de lo que pienso, sobre todo, y de lo que veo y me rodea.
Vivo en un lugar maravilloso, un pueblo precioso; parafraseando a mi gran amigo Eduardo Juárez, vivo en el PARAÍSO, pero siempre me he preguntado si ese paraíso es real, si ese paraíso es para todos y, sobre todo, si nos durará mucho.
A los problemas propios del siglo XXI y comunes en la mayor parte de los lugares turísticos, se nos suman otros problemas propios de nuestro pueblo, el Parque Nacional, tan bueno para algunas cosas, la cercanía a Madrid, la ausencia de suelo propio, el agua…
Todas estas y otras circunstancias hacen, en mi opinión, peligrar el paraíso, hacerlo peligrar para los que allí viven y convertirlo en paraíso para los que nos visitan, para los que vienen a pasar el fin de semana o para los que se compran su segunda residencia. Que nadie entienda esto como una crítica o un rechazo al turismo; todo lo contrario, ni mucho menos a la gente que viene los fines de semana y en verano, entre la que tengo grandes amigos. La Granja no sería nada sin ellos. Pero realmente, ¿camina este pueblo hacia dónde queremos?
La Granja es un hervidero de gente durante los fines de semana y languidece los días de diario. Poco a poco nos vamos convirtiendo en un parque temático al servicio de nuestros visitantes, y perdemos el día a día. Las tiendas y bares, antes abarrotados y bulliciosos cualquier día de la semana, desaparecen cualquier jueves del mes de marzo. El mercado de los miércoles, animado punto de encuentro de muchos vecinos, está desapareciendo miércoles a miércoles.
Es tarea de todos, administraciones, hosteleros, comercio y ciudadanos, evitar que nuestro pueblo muera en invierno, hacer que también viva y vibre de lunes a viernes.
La construcción de vivienda tiene que enfocarse en los vecinos; el tráfico, los aparcamientos, las terrazas, las zonas peatonales deben pensarse de forma global y a largo plazo.
No tenemos canchas de fútbol, no tenemos pistas de básquet… ¿Realmente tenemos una oferta de ocio que seduzca a nuestros jóvenes?
La presión urbanística que vamos a sufrir en los próximos años debe enfocarse hacia los vecinos que viven, disfrutan y sufren este pueblo.
El mercado, el albergue, el agua, el urbanismo, el ocio, las fiestas, el tráfico en Navacerrada… Los problemas se enquistan y nos encontramos con que lo que era un problema hace 10 años sigue siendo un problema a día de hoy.
Nuestro pueblo debe mejorar y debe transitar hacia donde los vecinos quieran que lo haga; debe hacerlo con ayuda de todos. En manos de todos está que La Granja y Valsaín sigan siendo el paraíso que «casi» siempre fue.
Juan Carlos Gómez
