En aquella esperpéntica rueda de prensa en la que Agustín Cuenca, presidente de la Gimnástica Segoviana, intentó dar explicaciones de la destitución de Iñaki Bea, en el mes de enero, con un Cuenca irreconocible, con silencios, trabándose, dubitativo, diciendo, pero sin decir nada, ese día aseguraba que el próximo entrenador finalizaría la temporada.
Tres meses después, la Gimnástica Segoviana destituye a Joaquín Gómez Blasco, tras la derrota este domingo frente al UDS Salamanca.
La junta directiva de la Gimnástica Segoviana ha llevado solo y exclusivamente al club a esta crisis, que va a lograr no alcanzar el objetivo marcado al inicio de la temporada. Una directiva que va perdiendo a marchas forzadas la confianza y el crédito que la afición había depositado en ellos.
Tras la incomprensible y caprichosa destitución de Iñaki Bea, Ricardo de Andrés asumía el banquillo de forma interina para posteriormente asumirlo Gómez Blasco, hasta el día de ayer.
La directiva no deja de apelar a la profesionalización del club, con un proceso de conversión en SAD que arroja más sombras que luz, y con el rosario de destituciones que deja en muy mal lugar la imagen del club, parece que ya ha llegado el momento de profesionalizar la directiva, que como anécdota aún sigue sin contar con un director deportivo, y las decisiones se toman a capricho y por afectos, muy lejos de esa ansiada profesionalización.
Con cuatro entrenadores en una misma temporada, nada puede salir bien. Es momento de que la directiva deje de buscar responsables hacia abajo y empiece a mirar hacia los lados.
