En este último #YoYMisCosas de 2025, me voy a meter, amigo lector, en un algún que otro jardín…
Vamos a empezar por las elecciones en Extremadura: un desastre. Y no piense que lo digo por el batacazo del PSOE, que también, cuyas responsabilidades no se han dirimido aún, a mi juicio, tal y como la ocasión merece. Lo digo porque el incremento de apoyo electoral a la ultraderecha machista, racista, y ltgbifóbica es un resultado demoledor para quienes creemos que retroceder no es nunca una buena opción.
Algo estamos haciendo mal, muy mal, como sociedad, cuando estos nostálgicos de tiempos pretéritos tienen el aval de las urnas. No sé cómo se puede hacer frente a esta oleada reaccionaria y peligrosa, pero desde luego deberíamos ponernos las pilas.
Ya tenemos sobrados ejemplos de lo que son capaces de hacer cuando tienen responsabilidades de gobierno en ayuntamientos o Comunidades Autónomas. Y esos ejemplos deberían ser el mejor aval para que no llegaran nunca a ejercer de gestores en el Gobierno de España.
Y por si alguno de ustedes cae en la tentación de interpretar esta reflexión como que yo estoy de acuerdo en una hipotética abstención para evitar que esta ultraderecha entre en gobiernos con la derecha, pues mire, no. Soy partidario de hacer un cordón sanitario, pero en las urnas; de dejarnos la piel para hacer ver a nuestros conciudadanos que apoyar al partido verde de ultraderecha no es, ni de lejos, la mejor opción. Pero si una vez recontados los votos, suman con los del Ventorro, pues que gobiernen juntos y que Dios nos pille confesados…
Espero y deseo que el desastre de Extremadura no se repita en Aragón ni en Castilla y León.
El 21 fue el desastre extremeño y el 24, como es tradicional, anduvimos pendientes de lo que tenía que decirnos el Jefe del Estado. Muy “apañao” él, de pie e intentando dar un poquito de frescura a este tradicional mensaje en la Nochebuena.
“En este mundo convulso, donde el multilateralismo y el orden mundial están en crisis, las sociedades democráticas atraviesan, atravesamos, una inquietante crisis de confianza. Y esta realidad afecta seriamente al ánimo de los ciudadanos y a la credibilidad de las instituciones. Los extremismos, los radicalismos y populismos se nutren de esta falta de confianza, de la desinformación, de las desigualdades, del desencanto con el presente y de las dudas sobre cómo abordar el futuro”, nos dijo Felipe VI.
Y, oiga, a mí se me fue la cabeza inmediatamente al partido verde de ultraderecha del que hablaba antes. Y creo que no solo a mí, porque los dirigentes de ese grupo ultra, muy patriotas ellos, muy de pulseritas con la bandera de España, no salieron a valorar (ni bien ni mal) la disertación del Jefe del Estado.
Si hay en España imágenes vivas de extremismos, radicalismos y populismos, solo hay que mirar hacia esa ultraderecha rancia y peligrosa.
Y continuó Felipe VI: “Estoy hablando de diálogo, porque las soluciones a nuestros problemas requieren del concurso, la responsabilidad y el compromiso de todos; estoy hablando de respeto en el lenguaje y de escucha de las opiniones ajenas; estoy hablando de especial ejemplaridad en el desempeño del conjunto de los poderes públicos; también de empatía; y de la necesidad de situar la dignidad del ser humano, sobre todo de los más vulnerables, en el centro de todo discurso y de toda política”.
Totalmente de acuerdo, Majestad. Pero la corresponsabilidad que debemos asumir todos, ha de tener en cuenta el punto de partida de cada cual. Que los que andan echados al monte y los que están dispuestos a pactar con ellos, tienen un plus de responsabilidad. Y sí, amigo, lector, hablo de los extremos de un lado del espectro ideológico, pero sin olvidar los de del lado opuesto, que también tiene su miga…
Así que Felipe VI nos ha puesto tareas a todos. A él mismo también, por supuesto. Veremos si se aplica el cuento…
Hablando de tareas y de exámenes… se viene un 2026 muy completito para partidos y candidatos que han de enfrentarse al examen de las urnas.
Veremos lo que pasa en Aragón, donde la izquierda no ha aprendido nada y la lucha de egos ha vencido ya, dando un empujoncito hacia adelante a la derecha y a los ultras. No aprendemos, no aprenden.
Y veremos lo que pasa en Castilla y León, esta tierra adormecida donde los de siempre siguen haciendo lo de siempre, con sus mismas armas caciquiles y clientelares sin que los que queremos y creemos en otras opciones sepamos dar con la tecla para lograr mandar a los de Mañueco a descansar un ratito. Yo voy a empeñarme en colaborar para que, de una vez por todas, cambiemos el rumbo de nuestra tierra.
También habrá elecciones en Andalucía, sí, en esa tierra en la que el presidente de la Junta se va dar betún en la cara para hacer de Rey Baltasar en la Cabalgata de Reyes. La broma se comenta por sí sola… Veremos si el PSOE es capaz de volver a ser lo que fue en aquella tierra y si las izquierdas se mentalizan de una vez de aquello de la unidad.
Y sí, ya sé que a muchos les encantaría que hubiera también elecciones generales, pero sabe Dios. Bueno, solo Pedro sabe… En caso de que las hubiera, me gustaría que un PSOE verdaderamente renovado y “re-limpiado” venciera y continuáramos teniendo un gobierno de progreso. Otra cosa sería un desastre. Ahora bien, y me meto en un último jardín: entre un desastre azul con (peligrosos) toques de verde, prefiero un desastre solo azul.
Y ya no le aburro más, amigo lector. Simplemente me queda decir, con todo cariño y toda sinceridad, que 2026 llegue repleto de buenos momentos para todas y todos. Se lo digo de corazón a usted que me lee con buenos ojos y también a usted que no me soporta.
Y cierro por este año con un propósito para el que viene: no voy a bajar al barro al que quieren arrastrarme algunos, porque ellos solitos ya se han enfangado; no voy dejar que se confunda mi lealtad con sumisión y sí, voy a aprender a decir “no”, “luego”, y “ya veremos”…. #YoYMisCosas para 2026.
¡Feliz Año Nuevo!
Rubén García de Andrés

El mejor desastre es el desastre. El único que entre la catarsis, la estética del caos y, el borrón y cuenta nueva será oportunidad de saber bien sabido lo que muchos no quisieron (ver) aprender.
Una década no es tanto para una vida, para las generaciones.