Arrieritos somos…. Y llegará San Martín

¡¡ Feliz año nuevo 2026 !!

En estos días en que los que tenemos suerte hemos podido desconectar un poco, disfrutar, descansar, y volvemos a vernos con el resto del mundo, tenemos la obligación moral de desear feliz año. Y sobre todo el deseo real y la esperanza de que así sea. Y el desconocimiento, dicho sea de paso, de a partir de qué fecha deja de decirse.

Es como si las doce de la noche del 31 de diciembre al 1 de enero ocurriera algún tipo de reseteo mental. Como si se cerrara un corchete y se abriera uno nuevo. Todos tenemos la sensación de que dejamos todo lo malo atrás (en lo bueno no nos pasa, eso sigue) y comenzamos una etapa nueva, con fuerzas. Qué maravilloso el ser humano.

El caso es que, con fuerzas renovadas, yo afronto un 2026 apasionante por muchos motivos. El 2025 no lo tengo por un mal año, ¿eh? Me ha traído muchas cosas muy bonitas y muchos seres queridos a mi vida que me han completado a nivel personal de la mejor forma posible.

Además de eso me he convertido en embajadora de marca ejército, en pregonera, me han dado premios… así que ha sido un gran año. Si el 2026 iguala, vamos bien.

Aún así hay una espina que no ha desaparecido. Una batalla personal que ya me habéis oído muchas veces. En las empresas tenemos una falta de personal que cada año es más acuciante. Hoy he leído la noticia en el periódico El Economista que reza: “España rompe la barrera de las 12.000 dimisiones diarias y aviva una crisis por falta de mano de obra”. Vamos, que por primera vez en la historia se superan los 3 millones de dimisiones anuales en 2025. Dimisiones. Renuncias. Gente que dice que no trabaja más en ese puesto.

Esto aviva la llama de la necesidad que tenemos las empresas de encontrar personal. Si me hubierais preguntado en 2025, antes del “reset”, os habría dicho que la culpa es de que la gente puede no trabajar. Pero he evolucionado. Soy una mujer nueva en este 2026.

La realidad es que vivimos en una sociedad en la que es relativamente fácil trabajar poco o no hacerlo. Sobreprotegemos a nuestros hijos, manteniendo su calidad de vida hasta muy tarde, proporcionándoles todas las comodidades sin pedirles que hagan nada. Eso era impensable en mi generación (y no hace tanto, soy insultantemente joven), pero ahora es habitual.

Además de eso, el sistema proporciona varios subsidios y ayudas que permiten mantener una vida cómoda (a algunos) si se junta con ciertos factores.

Por otro lado, la falta de personal y sobre todo de oficios propicia el poder hacer alguna “chapucilla” que ayude a fin de mes.

Esto, que es muy comentado cada vez en más foros, no matéis al mensajero, hace que los empresarios que tratamos de hacer las cosas bien lo tengamos muy, muy complicado para encontrar personal.

Pero… ¡Ay, amigos! Que no todos hacemos las cosas bien. El joven 2026 ya me ha enseñado algo.

Una de esas personas bonitas, un regalo que el 2025 trajo a mi vida, tuvo la “suerte” de empezar a trabajar hace un mes y unos días en una empresa de ocio de Valladolid de cuyo nombre no quiero acordarme. En este mes ha podido ver cómo desfilaban sus compañeros, uno tras otro, cuando se les iba acabando el período de prueba, de un mes. Tantos, tantos, tantos… que incluso llegamos a pensar que se iba a quedar porque si no, la empresa se iba a quedar sin empleados disponibles.

Pero no. Error. [sonido de error de programa de la tele]

El año comenzó con la desesperanzadora y esperada noticia. Despido el día antes de cumplir el mes.

Entonces una servidora entra en cólera. No por el despido, porque tal como hemos dicho hay falta de mano de obra y saldrá otra cosa, seguro, máxime para una persona joven, válida (yo he trabajado con ella), con infinitas ganas de aprender y trabajar, sino porque esto es lo que mancha nuestro nombre.

Cuando basas tu existencia en hacer las cosas bien, tratando de romper ciertos tópicos, defendiendo que no son más que eso, tópicos, invenciones de a quien le beneficia manchar nombres, esto te rompe los esquemas.

He aquí una mujer joven (insultantemente joven), que ha llegado alto sin, disculpen la sinceridad, usar su físico para ello. Que defiende fervorosamente que las mujeres tienen que estar profesionalmente preparadas y ser válidas para llegar a estas posiciones, igual que un hombre.

He aquí una empresaria, que opina que los empleados son el principal activo de una empresa. Que hay que cuidarlos y fomentar una relación win-win. Que el sistema no funciona si cualquiera falla. Que somos un equipo.

He aquí la realidad. Que gracias a Dios son los menos, pero existen. Que hay mujeres que se usan para crecer (pobres, ¿no?) y empresarios que se comportan como explotadores. Que los tópicos a veces son ciertos.

Mi único consuelo es que en algún momento se les acabarán los trabajadores que pasan un mes. Pero… ¿Dónde están ahí los sindicatos? ¿Las reseñas negativas? ¿Las manifestaciones en la puerta? ¿De verdad se puede hacer eso impunemente?

Pues he aquí la soñadora, pobre chica soñadora. Ya he tenido mi derecho a pataleta, ahora a seguir haciendo las cosas bien. Porque como dicen los refranes, arrieritos somos… y llegará San Martín.

Feliz 2026 a todos. ¡Ah! Y, por si las moscas… Pido perdón.

 

María José Tapia 

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