El patriotismo es el sentimiento y amor de una persona a su patria, a su tierra, al lugar donde nació, a sus costumbres, a sus ideas, a sus símbolos. El patriotismo es un sentimiento inherente a la mayoría de los seres humanos. Nos gusta nuestro país, sentimos orgullo de nuestra tierra y cuando estamos fuera lo echamos de menos.
Es un orgullo que nuestro país se sitúe en el tercer puesto del ranking mundial de sanidad, siendo el más eficiente de Europa. Es un orgullo que España lidere el ranking mundial de países con mejor calidad de vida o que llevemos 34 años siendo el país con el mayor número de trasplantes anuales. Me alegra que España gane un mundial de baloncesto o que un atleta olímpico consiga una medalla. Estas cosas me hacen, sin duda, sentirme orgulloso de mi patria, ser un patriota.
También me hace sentir orgullo mi bandera, mi himno, la Guardia Civil, la educación, la sanidad, las libertades… pero ser patriota no es ser nacionalista. Ser patriota no es decir los españoles primero; ser patriota no es hablar de prioridad nacional en el acceso a las ayudas sociales, los servicios públicos, el acceso a las bonificaciones fiscales diferenciadas. Eso no es ser patriota.
Es evidente que la inmigración es uno de los grandes retos de este país. Hacer frente a esto sí debe ser una prioridad nacional. Si debido a la inmigración está en riesgo la sostenibilidad del sistema público sanitario, los gobiernos tendrán que buscar soluciones para ello, de la misma manera que si corren peligro las pensiones o la sostenibilidad de la educación pública.
Las palabras «prioridad nacional», refiriéndose a los españoles primero en lo que respecta a los servicios públicos, me producen bochorno. ¿Dónde está el límite? Si mañana subo a un autobús público, ¿tengo prioridad para sentarme ante un extranjero? Si mañana llevo a mi hijo al médico con una brecha, ¿tienen que atenderle antes que a un niño extranjero que se encuentre más grave?
Este país necesita empezar a hacer políticas de verdad con temas que nos preocupan a todos, necesita buscar soluciones a los retos de los tiempos que vienen. Y sin duda, la inmigración es uno de ellos. Es un reto y una oportunidad si sabemos cómo afrontarlo y para ello todas las administraciones deben empezar a trabajar coordinadamente y sin demagogia. Por cierto, en Extremadura, comunidad pionera en eso de la prioridad nacional, solo el 4,1% de la población es inmigrante.
Para mí la diferencia entre el patriotismo y el nacionalismo es clara, pero si en algún momento la frontera es difusa, siempre acudo a una frase de Hermann Hesse, Premio Nobel alemán: “No reniego del patriotismo, pero primeramente soy un ser humano y cuando ambas cosas son incompatibles, siempre le doy la razón al ser humano”.
David García – Foj
