El fraile franciscano Víctor Herrero de Miguel gana un trigésimo sexto Premio Internacional de Poesía Jaime Gil de Biedma de la Diputación marcado por la excelencia y el debate

Mil ciento ochenta y dos poemarios presentados y dieciséis finalistas elegidos después, el jurado del Premio Jaime Gil de Biedma de la Diputación ha determinado que el sucesor del ‘Getsemaní’ de Arturo Vicente en el palmarés del galardón sea Víctor Herrero de Miguel, gracias a un poemario, ‘Los planos de un lugar’, descrito por el tribunal coordinado por Juan Manuel de Prada y María Antonia de Isabel Estrada como un “libro de decir castellano, entrañado, con un poso sólido de cultura grecolatina, bíblica y sobre todo hebrea, en el que afluyen dos poéticas bastante inusuales en la poesía española; la de Christian Bobin y la de Mary Oliver”, según explicaba Fermín Herrero, miembro del prejurado y el jurado y principal valedor del libro ganador desde su primera lectura.

En un acto celebrado en el salón de Plenos del Palacio Provincial y encabezado por Miguel Ángel de Vicente, presidente de la Diputación, que ha tenido lugar después de más de dos horas de intenso debate y votaciones entre los propios De Prada, De Isabel Estrada y Herrero y el resto de miembros del jurado, que se completa con Luis María Ansón, Antonio Colinas, Carlos Fernández, Asunción Escribano y Santiago Gómez, ejerciendo como secretario. Como coordinador del Premio, Juan Manuel de Prada aseguraba que la elección de ‘Los planos de un lugar’, dotado con 12.000 euros, había sido tomada “con cierto disgusto”, en el buen sentido de la expresión, ya que según argumentaba “este ha sido el año en el que ha habido mejores libros finalistas, de modo que la labor ha sido especialmente penosa, ya que en cada votación hemos tenido que dejar fuera un libro que merecía el premio”.

Una vez más, De Prada destacaba que el Premio ha vuelto a recibir poemarios “de todas las adscripciones estéticas posibles” y, sobre el libro ganador, Fermín Herrero, apuntaba que refleja “una poesía de la gratitud hacia la creación, escrita desde el puro asombro ante el mundo, desde una desnudez estremecedora”, que -una vez sabida la identidad del ganador- añadía, “evidentemente tiene que ver con su condición de fraile franciscano”. En opinión del jurado, en ‘Los planos de un lugar’, Víctor Herrero de Miguel “elige siempre los lugares pequeños; lugares donde la epifanía se muestra de una manera más clara y lo hace con un verso cristalino y a la vez luminoso, que se atiene siempre a una poética de la atención contemplativa”.

Además, durante el acto también se daba a conocer la elección del poemario ‘Bajo la piel, la sombra’, de María Martín Hernández, como ganador de la segunda edición del Premio Joven, que recibe 5.000 euros de reconocimiento y toma el testigo de las ‘Revelaciones’ de Alejandra Martínez de Miguel, gracias a la manera de la poeta y filóloga de convertir “experiencias aparentemente íntimas en interrogaciones universales”. Según Asunción Escribano, encargada de defender el alegato del poemario ganador del Premio Joven, la zaragozana de treinta años ha resultado galardonada por “un libro de la memoria, de la herencia emocional y de la identidad”, que “propone una poética de la huella, de estilo cuidado y depurado, de notable claridad expresiva frente a las tendencias contemporáneas”.

En cualquier caso, antes de estas otras revelaciones, las de los nombres de los poemarios ganadores de ambos premios, Miguel Ángel de Vicente dirigía unas palabras al público presente y también a cada una de las 1.832 personas que presentaron sus versos a la trigésima sexta edición del Premio, agradeciéndoles que “con su interés por este galardón le concedan prestigio” y permitan a la Diputación “seguir posando con orgullo para la foto” de un Premio que lleva treinta y seis ediciones “constatando que los versos siempre tienen silencios que romper y voces a las que permitir alzarse” y que según Juan Manuel de Prada tiene en su “apertura a todo tipo de escuelas estéticas su mejor legado y su más íntima naturaleza”.

En sus palabras, De Vicente manifestaba que “cuando uno ya menciona el millar, parece que puede sacar pecho”, haciendo alusión a los 1.182 poemarios presentados -más de cien candidatos al Premio Joven-, para, acto seguido, destacar también los ocho centenares de libros presentados desde España y las más de tres decenas de países de procedencia del resto de obras, además de la elección de hasta dieciséis finalistas; la cifra más elevada de los últimos años.

Miguel Ángel de Vicente agradecía finalmente la labor de jurado y prejurado por la lectura de todos estos poemarios y por seguir facilitando la convocatoria de “este Premio cuyos finalistas son, edición tras edición, carne de cisne para la literatura y la poesía”. A todos ellos, el presidente de la Diputación concluía deseando “un vuelo de peso en ambas”.

 

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