Personalmente, esta idea es como una utopía. No hay país libre de ella, los que más se acercan (Dinamarca, Singapur, Finlandia, Nueva Zelanda y Noruega), alcanzan entre un 80-90/100 de calificación. Ni siquiera China, cuyas estadísticas no son conocidas ni fiables posiblemente, se escapa de este cáncer, y eso que hablamos de un país que lo castiga con la pena de muerte.
En España, cálculos conservadores indican que, en los últimos 25 años, la corrupción ha costado entre 9.000 y 12.000+ millones de euros en los casos más grandes y mediáticos (ERE, Gürtel completa, Púnica, Malaya, Palma Arena, Lezo, Taula, Invercaria, Trama Eólica, Koldo, etc.).
Algunas fuentes periodísticas actualizadas a 2025 hablan de más de 12.000 millones de euros solo en tramas ligadas a partidos políticos.
- Caso ERE (Andalucía-PSOE): 680 millones (sentencia).
- Gürtel + ramificaciones (PP): 863 millones (algunas estimaciones judiciales superan los 1.000 M€).
- Operación Púnica (PP): cientos de millones (una pieza sola superaba 200 M€).
- Caso Malaya (Marbella): 500-670 millones.
- Otros (Palma Arena, Nóos, Lezo, Taula, Trama Eólica, etc.): suman varios miles de millones más.
Importante: Estas cifras se refieren al dinero directamente defraudado o desviado en casos concretos. No incluyen el coste económico total de la corrupción (sobrecostes en contratación pública, pérdida de eficiencia, menor recaudación fiscal, etc.), que estudios independientes cifran en 40.000 a 90.000 millones de euros al año. Multiplicado por 26 años sería una barbaridad, pero se trata de estimaciones macroeconómicas, no de “dinero robado” literal. Pero vaya tela.
¿Qué significa esta magnitud en términos reales?
Tomando una estimación conservadora de 10.000 – 12.000 millones de euros defraudados en casos judicializados desde 2000:
- Equivale aproximadamente al presupuesto anual completo de Sanidad de una comunidad grande (por ejemplo, Andalucía o Cataluña) durante varios años.
- Podría financiar todo el sistema de Dependencia nacional durante 2-3 años (dependiendo del ejercicio).
- Es comparable a varios presupuestos anuales completos de Educación de comunidades medianas.
- Representa una cantidad suficiente para construir decenas de hospitales, miles de plazas de residencias o financiar programas sociales masivos.
La recuperación real del dinero es muy baja (en muchos casos inferior al 10-20 %). La mayoría se pierde en blanqueo, gastos o bienes difíciles de embargar.
Pero para mí, lo más grave es que el castigo no va de acuerdo con lo escandaloso que es el daño causado. No hay un verdadero coste político, por ejemplo. Los partidos que mas involucrados están en estas tramas son igualmente votados en cada elección. Incluso habiendo juicios de por medio, la pena de cárcel es anecdótica, leve o simplemente inexistente. Y, sin embargo, siendo este un problema palpable y altamente dañino para la sociedad, no parece haber voluntad política para poner coto a ello por medio de medidas más duras y políticas de tolerancia cero en todos los niveles de gobierno. Me pregunto si ese celo judicial que el juez Peinado muestra en el caso de Begoña Gómez podría ser el modelo a seguir con toda la clase política y sus familias.
Según estudios de Psicología, la naturaleza humana juega un papel importante porque todos buscamos aprovechar las circunstancias que nos rodean para mejorar nuestras condiciones de vida. El interés propio muchas veces se ve justificado en casos de corrupción por medio de ideas como la de “lo merezco”, “todo el mundo lo hace” “tampoco es que sea mucho” …Claro que la educación y la estatura moral de cada persona determina si caerás en la trampa o no.
Las circunstancias también son un punto por considerar. En un país sin justicia social, sin sueldos dignos, sin prestaciones sociales, servicios de salud, etc., la tentación de tomar lo que no es tuyo es mayor. Es decir, combatir la corrupción debe tener un plan que considere todos estos aspectos (y los que se han escapado, que seguro hay), y lo más importante, es que el plan debe implantarse ya.
«En cierta medida la corrupción es un asunto cultural y lo peor que le puede pasar a una sociedad es acostumbrarse a ella.»
Fernando Savater
