Antes que nada. Difícil resumir. El dictador haciendo trampas en las cuentas, ya lo sabíamos, ahora con fondos europeos para pagar pensiones. El indulto al delincuente ex-fiscal general sigue el camino del indecente Pumpido, como con los ladrones de los eres de Andalucía. ¿Será lo que les ha prometido a Ávalos/Koldo para que no hablen? La película del hantavirus ha quedado bien. Siguen muriendo guardias civiles. Ha pasado el 1 de mayo: pobreza infantil y de adultos, precariedad laboral y salarial, corrupción, los sindicatos mirando hacia otro lado. Comprados, vendidos, indecentes también. Los españoles lo saben, están asustados, humillados, el dictador sigue abusando de ellos, pero que sepa que, cuando los españoles se cansen y exploten, tendrán que huir, otra vez, cobardes. Vita pergit.
Cuando terminé de leer EL NOMBRE EN EL MURO del francés Hervé Le Tellier tenía claro que tenia que escribir sobre él, tenía que recomendar este libro. Y ya lo he hecho de palabra a varios amigos, pero escribir me resulta difícil. Sobra con decir ¡Léanlo! Es un libro maravilloso.
Empezaré por decir que Hervé Le Tellier fue el ganador del premio Goncourt en 2020 con “La anomalía”, una novela extraordinaria también. El libro de hoy es el relato de la vida de André Chaix un joven francés que se unió a la resistencia francesa durante la ocupación nazi y que muere a los 20 años en una escaramuza con las tropas alemanas. El autor va mezclando pasajes autobiográficos muy impactantes, nos relata su infancia con un padre que se había ido de casa y una madre de vida difícil, una infancia dura que hace que Hervé siga todavía buscando un pasado, una familia, un lugar de referencia. Cuenta que cuando fue a una inmobiliaria para que le buscaran un piso, una casa, les dijo que no quería una casa de vacaciones, que quería “una casa natal”, necesitaba un lugar desde el que construir un pasado, aunque fuera inventado. Además, estaba pasando el duelo por la muerte de su amada Piette. Y en estas, le encuentran una casa, con un letrero, una placa en la fachada que ponía “André Chaix” sin más. Con el tiempo se da cuenta que en la plaza del pueblo hay un pequeño monumento a los jóvenes del municipio que murieron en la guerra y ahí está André (1924-1944). Y ahí comienza la obsesión por investigar su historia.
Nos cuenta el proceso de investigación que siguió, las entrevistas que buscó y las pocas que consiguió. El hermano de André no tuvo hijos y no encontró más familiares, ni tíos ni tías. Fue clave el que Simone el gran amor de André, conservó cartas, fotos y otras cosas de su novio. Y hacerse con ese material fue decisivo para la redacción del libro.

Hace mención y reflexiona sobre lo espeluznante del nazismo y su paralelismo en nuestra sociedad actual, mostrándose temeroso de que en Francia y en otros lugares, el fascismo sigue vivo, está presente entre nosotros y parece que nuestra sociedad esta alucinada y dormida. Es entrañable cómo cuenta que André era hijo de panaderos cuya panadería que sigue abierta en la actualidad. Era muy joven cuando decide unirse a la resistencia francesa en 1942 y un tiempo después, en 1944, muy cerca de su pueblo, su convoy es ametrallado por un “panzer” alemán. Esto da pie al autor para hablarnos del compromiso político, del amor de juventud. Es muy intenso el párrafo donde cuenta la muerte de André. El autor está investigando y todavía no sabe si murió o no, solo sabe que se incorporó a la resistencia. Pero un amigo le envía una foto de una placa “Aquí, en Grignan, el 22 de agosto de 1944 un destacamento de la FTP, fuerza que aglutinaba a las organizaciones armadas que dependían del partido comunista del tercer destacamento Morvan se topó con una columna de tanques alemanes. Durante el enfrentamiento murieron siete jóvenes combatientes. No lo olviden los que pasen por aquí”. Y le asegura que uno de los muertos era André.
Pero el libro es mucho más. Es un continuo reflexionar sobre el autoritarismo, sobre los jóvenes, sobre la sociedad en general. En un capítulo cuenta unos experimentos que se hicieron en los años 60 del siglo pasado, experimentos reales y que llevarían a intentar explicar y contestar a diversas cuestiones ¿cómo podían los alemanes afirmar que no sabían nada del horror de los campos de concentración, del exterminio de los judíos? Y si lo sabían ¿cómo pudieron aceptarlo? Estas preguntas y otras cuestiones parecidas también valen para los franceses. Un docente americano ante una pregunta similar de uno de sus alumnos puso en marcha un experimento espeluznante. Los alumnos han llegado hasta el final, están atrapados. El final del experimento es la proyección de una película sobre el Tercer Reich, los alumnos quedan hundidos al darse cuenta de hasta donde habían llegado. El profesor les dijo: “Como a los alemanes os costará admitir que habéis ido demasiado lejos. No querréis admitir que os habéis dejado manipular. No admitiréis haber participado en esta locura”. Las enseñanzas del profesor fueron que si la democracia es frágil es porque, frente a la masa, el individuo se vuelve vulnerable…. ellos renunciaron enseguida a su libertad por su deseo de formar parte de algo más grande que ellos… la victoria requería de la masa, pero ver al individuo disolverse en ella era una forma de derrota” Este experimento ha inspirado varias películas y una miniserie muy recomendable “Somos la ola”.
Otro experimento también con estudiantes americanos, se ha repetido en numerosas ocasiones. La conclusión es que todo el mundo, casi todo el mundo, puede convertirse en verdugo si existe una autoridad superior que lo exima de cualquier responsabilidad. Un verdugo inocente. El experimento está en la película “I… como Ícaro”, que, además, nos da una versión, para mí creíble, del gran enigma del asesinato de Kennedy. Película también que merece la pena.
Y un tercer experimento, para llegar a la conclusión de que el ser humano se adapta fácilmente a las reglas del rebaño, se le “enseña” cómo debe comportarse sin que pueda explicársele, ni falta que hace, la lógica que hay detrás de su comportamiento. Somos primates conformistas y miméticos. Nuestro cerebro sabe de manera instintiva que la multitud es poderosa y, bajo presión de nuestros “iguales”, les imitamos. En el fondo somos vagos, resistir exige un esfuerzo, una rebeldía.
Para terminar, una anécdota. En el París ocupado, en 1942, era común llamar “Arthur” a alguien cuando llegaba tarde a una cita o a su casa. Y es que había toque de queda y a las 8 de la tarde no podía haber nadie en las calles y los soldados alemanes gritaban a los rezagados ¡acht uhr! que significa ¡las ocho! Como ven un libro fantástico, muy recomendable. Es una novela, una investigación y mucho más. Y buena literatura, bien escrito, con ritmo.
Heliodoro Albarrán
