Los nuevos Bartleby

Antes que nada. De la fontanera Leyre seguimos conociendo sus delitos chapuceros. El dictador Sánchez sigue. Él sabe que políticamente está muerto. Él sabe que le esperan imputaciones y juicios y que, si no es presidente-dictador, terminará en la cárcel con sus socios de la mafia. Y está desesperado. Ya solo le quedan dos opciones, pucherazo electoral (lo hizo en su congreso socialista) y, la que “pareciese un accidente”: los papeles de A., un atentado de la ultraderecha próximamente y ante esa situación, convocar elecciones para “acabar con los ultras que quieren la violencia” y pedir el voto para evitarlo. Un ruego, cuando lo encargues, que tengan más cuidado, que no se les vaya de las manos como la otra vez. Vita pergit.

A mediados del siglo XIX, Herman Melville publicó “Bartleby, el escribiente”. H. Melville es muy conocido por su “Moby Dick” y poco más. Yo sólo había leído esa novela de él. Pero ahora, por esas coincidencias literarias que se dan y que otras veces les he relatado, me llegaron varias reseñas, comentarios, de una pequeña novela de Melville, que no conocía. Pero es que lo que me llegó es la gran transcendencia, la enorme polvareda que levantó una sola frase del libro: “preferiría no hacerlo”. En aquellos años del XIX creo que ya provocó editoriales, noticias, estudios, etc. Pero es que hace algunos años Vila Matas publicó un libro sobre Bartleby y el gran Gay Talese otro titulado “Bartleby y yo” que leeré próximamente. Y otros muchos. Y en las pasadas semanas Daniel Gascón el escritor español, ha publicado “Los nuevos Bartleby” y ante tanta noticia sobre el libro, ya no me pude resistir y he leído este último. El libro tiene la gran ventaja de que está dividido en dos partes, la segunda es el texto completo de “Bartleby y el escribiente” con lo que, a los que no lo habíamos leído nos ha venido muy bien.

Como se pueden imaginar, he comenzado su lectura por esa segunda parte. Y ha sido una sorpresa maravillosa. Dada mi devoción por Kafka, según avanzaba la lectura de “Bartleby, el escribiente” todo me llevaba a Kafka y sus novelas “Metamorfosis» y “El proceso”, de hecho creo que tuvo que influir en sus obras, aunque en todo lo que he leído de la biografía de Kafka, no cita que estuviera influido por Melville y su Bartleby, pero para mi es clara su influencia. Melville murió en 1891 y Kafka nació en el 1883. Pudo ser.

El argumento es sencillo, el narrador, acaba de ser nombrado agregado en la Corte Suprema del Estado de Nueva York, con oficina en Wall Stret. Su labor era la de copiar los documentos de la Corte, copiar a mano, hacer las copias necesarias de los documentos más importantes. Tenía tres empleados pero el trabajo estaba aumentado y decide contratar otro más, publica un anuncio y el elegido es Bartleby. Muy trabajador, formal, cumplidor, todo va bien, hasta que un día ente una orden del jefe, Bartleby contesta “Preferiría no hacerlo”.  La novela continúa “kafkianamente” y tiene un final sorprendente. Y se desencadena como he dicho toda una serie de comentarios en la prensa y en los medios de la época en general, ¿Qué ha querido decir?, ¿insumisión?, etc. debates que llegan hasta hoy día como ya les he dicho también. Artículos, ensayos, opiniones, filósofos debatiendo y más. Gran novela dentro de este libro de Daniel Gascón.

Gascón analiza en la primera parte del libro esa resistencia mínima de Bartleby y esa obstinación en no hacer nada, terquedad educada que la hace más complicada de combatir. Llega a conclusiones, por ejemplo, que el cansancio se ha instalado en nuestra vida laboral, aceptamos muchas tareas por inercia y nos quedamos con ganas de pronunciar la frase de Bartleby.

Calma y firmeza, una mezcla explosiva. La negativa es firme, pero con forma de un condicional. Muchas veces preferiríamos no hacer algo, pero lo hacemos, por muchas razones. Si decimos que “preferiría no hacerlo” parece que pedimos perdón por hacerlo, o estamos justificándolo no sé porqué razones. A veces queremos decir algo como “me duele a mí más que a ti”. Muchas ocasiones ese comentario encubre que, en realidad, estás obrando porque no tienes alternativa.

Esa frase conlleva una forma “pacífica” de rebelión, enfrentar un conflicto laboral. Condiciona el relato posterior. Es un símbolo de resistencia pasiva contra lo que se quiera, capitalismo, comunismo, estructuras sociales en general. Y Daniel Gascón con su prosa amena, mordaz, humorística, hace critica de todo, de nuestro tiempo en el que muchos exaltan la República, alardean de ser nietos de la Guerra Civil y no hijos de la Transición, incluso reescriben una tercera guerra, no es que sean malvados, son bobos, dice Gascón.

Vivimos sumidos en un carrusel de cambios, que siempre vendemos como buenos, como a mejor, una vida de eterno moscoso funcionarial o ausencias escolares justificadas por padres bobos también. Como, continúa Gascón, la de los adolescentes y políticos en tránsito, yendo en una flotilla a Gaza y subiendo su “aventura” en las redes sociales contando historias sobre el cambio climático, redes sociales con sus servidores refrigerados con agua dulce que consume en cantidades descomunales.

A grandes males, decrecientes remedios. Hacerse pobres, pero solo vosotros, los que “votáis mal”. Los ricos, la fórmula mágica del impuesto a los ricos. Pero la realidad es que no sabemos qué hacer, así que nos quejamos, saboteamos, nos quedamos quietos, como Batleby y nos quejemos de que el mundo se siga moviendo. Gascón habla de lo que es “la caída de la oscuridad” en algunos pueblos pequeños. ¿La IA nos hará compañía? Se pregunta. Y añade que todo se puede resumir como un recuerdo de las últimas vacaciones: la comida del restaurante del hotel era muy mala. Una basura. Y, además, escasa.

Los teléfonos móviles e internet no han acabado con la soledad, ni con el aburrimiento. Gascón recuerda a Houellebecq, el escritor francés, que habla del ascenso del islamismo políticamente goloso, que nos dejará a los hombres en una posición de poder y comodidad, así te lo dirán unos minutos antes de la primera llamada a la oración (obligatoria por supuesto). Pero, por lo menos no manda la derecha.

Termino. Libro recomendable, si no conocen a Bartleby se sorprenderán y la obra de Daniel Gascón, una pequeña joya literaria que no se deben perder. Al menos es lo que a mí me parece.

Heliodoro Albarrán 

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