Hoy despedimos a Francisco Álvarez (Paco para los amigos) con una profunda tristeza, pero también con el agradecimiento de quienes tuvimos la fortuna de compartir con él una etapa de servicio a Segovia.
Como alcalde de la ciudad entre 2003 y 2007, tuve el privilegio de contar con Paco como Concejal de Juventud y Deportes. Desde el primer momento demostró que entendía la política como un compromiso con las personas y no como una mera responsabilidad institucional. Era un hombre cercano, leal, trabajador y profundamente comprometido con aquello en lo que creía. Personalmente me llevaba mejor con él que con muchos de mis propios concejale/as.
Su gran pasión fue siempre el deporte. Lo vivía con entusiasmo y con la convicción de que era una extraordinaria escuela de valores. Durante aquellos años impulsó la mejora de las instalaciones deportivas de la ciudad, entre ellas la construcción de nuevos campos de fútbol, convencido de que ofrecer mejores espacios era también ofrecer más oportunidades a nuestros jóvenes.
Pero, por encima de las infraestructuras, Paco destacó por su presencia constante junto a los deportistas. Era difícil acudir a una competición, a un torneo o a cualquier actividad deportiva sin encontrarse con él. No iba por obligación institucional, sino porque disfrutaba compartiendo esos momentos con los clubes, con los entrenadores, con las familias y, especialmente, con los niños y jóvenes que daban sus primeros pasos en el deporte. Sentía una especial predilección por el fútbol base, del que era un firme defensor, porque sabía que allí se formaban no solo deportistas, sino también personas.
Quisiera recordar también un episodio que refleja el aprecio que siempre sentí por Paco. Cuando las elecciones municipales de 2007 hicieron que dejara de ser concejal, mi deseo era que continuara formando parte del Ayuntamiento, incorporándolo al equipo municipal. Sin embargo, la incompatibilidad derivada de su situación de jubilación lo hizo imposible. Fue una decisión que lamenté profundamente, porque estaba convencido de que Segovia seguía necesitando su experiencia, su capacidad de trabajo y, sobre todo, su calidad humana.
Quienes trabajamos a su lado recordaremos siempre a un compañero leal, de trato afable, generoso y discreto. Nunca buscó protagonismo. Le bastaba con saber que estaba contribuyendo a hacer una ciudad mejor, más activa y más comprometida con el deporte y con la juventud.
Hoy Segovia pierde a una buena persona y a un servidor público ejemplar. Queda su legado, el cariño de quienes le conocieron y el recuerdo de un hombre que dedicó una parte importante de su vida a trabajar por los demás con honestidad y sencillez.
A su familia, a sus amigos y a todos los que compartieron con él el camino del deporte y del servicio público, les traslado mi más sentido pésame y todo mi afecto.
Descansa en paz, querido Paco. Ha sido un honor haber compartido contigo aquellos años de trabajo y de amistad. Tu recuerdo permanecerá siempre entre nosotros.
Pedro Arahuetes
