Antes que nada. Ando preocupado estos días. La indecente de Begoña, la de los burdeles, no ha podido acompañar al dictador a la cumbre de la OTAN. No podrá lucir el último vestido pagado con dinero público. El dictador tendrá que aguantar los comentarios de la gente, inventarse una excusa, ¡qué vergüenza para el país! Donde sí podrá ir, Begoña, es a la graduación de su hija en Londres. ¡Viva la pública! (Para los pobres). Allí tendrá que contar a su hija qué tipo de madre es y que padre tiene. Ambos graduados en inmoralidad. Vita pergit.
A veces me he preguntado si debo publicar un comentario de un libro que he leído y no me ha gustado, me ha parecido malo, por su forma literaria o por su contenido, su trama. Habitualmente les hablo de libros que me han gustado, que me parecen buenos por muchos motivos. Y es sólo mi opinión. Sólo eso. No sé cuántos lectores se dejarán convencer por mis consejos y leerán siempre mis libros recomendados. Sé, al menos, de un pequeño grupo de personas que leen estos comentarios (¡gracias!) Y siempre siguen mis consejos y me mandan mensajes de agradecimiento por los libros recomendados. Dicen que leen otros libros, pero mis recomendaciones no faltan. Alguna vez, pocas, me han asegurado que no les ha gustado, que no lo han entendido, que se han aburrido (¡lo siento!). Tengo el síndrome del impostor, sólo me considero un buen lector, pero no me veo con nivel para ser “crítico literario”. Agradezco, por tanto, la oportunidad de poder hacer “algo parecido” y confieso que disfruto recomendando y hablando de un libro que me ha parecido bueno, que me ha gustado. Pero por eso, no me veo legitimado para decir que un libro es “malo”, que no le lean. Solo diré que a mí no me ha gustado.
Todo este ejercicio catártico viene a colación de una de mis lecturas más recientes: ISLANDIA de Manuel Vilas, uno de los escritores más populares de este país. Al parecer el autor se ha divorciado no hace mucho de, según afirma, su gran amor, la también escritora Ana Merino. Y Manuel Vilas acordó con ella el que, la gente, sus amigos, sus familiares más lejanos, los medios, se enterarían a través de un libro que iba a escribir. Y este libro es ISLANDIA.

Su mujer le dijo que ya no estaba enamorada de él y esa frase desencadena todo, todo, el libro incluido. Y esa frase se la dice a las pocas horas de haber contratado unas vacaciones por Islandia. Por lo que puede decirse que todo se “desborda”. Manuel Vilas, además de novelista es poeta, un poeta relevante. Uno de los primeros premios literarios que ganó fue el premio que concede nuestra Diputación Provincial en “honor y recuerdo” del pederasta Jaime Gil de Biedma. Creo que en el 2005.
Yo llegué a Manuel Vilas por su “Ordesa”, un fantástico libro. Una obra maestra. Pero ya. He seguido leyendo la casi totalidad de lo que ha publicado y todo está muy lejos literariamente hablando. En mi opinión. Y esta ISLANDIA, sigue esa estela de mediocridad. La primera parte, demasiado larga, solo es tedio, repeticiones, cosas sabidas, banales, repetidas cien veces, anécdotas contadas en otras ocasiones, horteradas. Intenta un lenguaje poético, pero es empalagoso y aburrido. No he llegado a entender la “metáfora” de Islandia, por el frío, por lo lejano, por la naturaleza, por la novedad. No me llega.
A veces es irónico, intenta crear una comedia romántica, pero no. Me faltan muchas cosas, por ejemplo el conocer la opinión de la otra parte, esto es un monólogo de un enamorado ante la separación. A mí, además, me parece que hay más dolor, o al menos el mismo, por el miedo a la soledad que por la pérdida del amor.
Superada esa primera parte, larga y tediosa, el resto del libro, mejora algo pero siempre lejos del nivel esperado. Hablando de libros sobre el desamor, recuerdo “Final Feliz” de Isaac Rosa. Eso sí que fue un gran libro sobre una ruptura, sobre desamor. Y otros muchos.
Termino. Con mal sabor de boca. ¿Qué sentido tiene escribir esto?, ahora tendría que terminar desaconsejando su lectura. Pero no, creo que esto es sólo mi opinión. Yo les recomiendo que lo lean. Y deseo que les guste. Y que piensen que no comparten mi opinión. Lean.

Heliodoro Albarrán
