Antes que nada. No me quedan palabras, insultos, definiciones en este caso, para referirme a nuestro dictador. Y a toda esa caterva de seguidores, con cargo o simples votantes, imbéciles, indecentes, que le están manteniendo. En el último libro de Sergio Ramírez he leído este proverbio bíblico: “El hombre malo, el hombre depravado, es el que anda en perversidad de boca. Que guiña los ojos, que habla con los pies, que hace señas con los dedos. Perversidades hay en su corazón, anda pensando el mal en todo tiempo. Siembra las discordias. Por tanto, su calamidad vendrá de repente. Súbitamente será quebrantado y no habrá remedio” Proverbios 6:12-15. ¡Confiemos! Vita pergit.
Hablar de Arturo Pérez-Reverte es para mí un placer. He leído todos sus libros y con más o menos intensidad, todos me han gustado. Por eso hablarle de su último libro publicado ENVIADO ESPECIAL es, como decía, un placer porque además me ha encantado, me ha sorprendido. Un gran libro. Al tiempo se ha publicado el libro FOTOGRAFÍAS DE GUERRA, un fantástico complemento al libro del que les hablo ya que reúne las fotos citadas en el libro y otras muchas.
He leído alguna crítica que dice que es el mejor libro de crónica y reportaje de guerra que se ha publicado en muchos años. Como decía Borges, sólo puede contar quien ha vivido. Y es que este libro es una recopilación de crónicas enviadas a varios medios de comunicación a lo lardo de más de veinte años de profesión de reportero de guerra. Sarajevo, Beirut, Nairobi, Bagdad, Mostar, Malabo, Managua, Jartum, El Aaiún, entre otros fueron los lugares desde donde Arturo Pérez-Reverte contaba las guerras. Y como dice el propio Arturo, en este libro está el origen del porqué es escritor.
Muy joven, con una mochila y un par de cámaras de fotos al cuello se lanzaba a cubrir guerras por el mundo. Y enviaba crónicas de verdad, como antes se contaban las cosas, desde el sitio, sufriendo incomodidades y pasando miedo, mucho miedo. Y pánico, que dice que es lo peor. Él, por todo ello, tiene autoridad moral y profesional para comentar la cobertura de las guerras actuales en los medios de comunicación de ahora, dice Pérez-Reverte que ahora “pixelan” la guerra, censuran las imágenes más crudas, no hay que incomodar al público. Y piensa que los espectadores tienen también la culpa porque no quieren “que les estropeen la fiesta” y aceptan y desean la negación de la realidad. Antes en las guerras se mutilaban los cuerpos y allí había un periodista para dejar constancia de la barbarie humana, hoy, lo que se mutila, lo que se censura, son esas imágenes crudas para no herir sensibilidades. “Es la guerra, gilipollas” expresa cabreado el escritor. Nos han robado la verdad hasta de las guerras.

Este libro es una auténtica “biografía de guerra” del autor. El joven reportero que era en los setenta y ochenta del siglo pasado, cargando siempre con una máquina de escribir portátil, además de la mochila y las cámaras de fotos, recorrió el mundo a través de las guerras, que enseguida vio que no tenía nada que ver con las guerras que había imaginado. La guerra era una sucesión de incomodidades, esperas largas para sucesos que pasaban muy rápido, peleas entre reporteros por enviar crónicas con los medios “técnicos” de entonces, miserias humanas, peligros, aprender a vivir y trabajar en situaciones extremas. Pero al final piensa Pérez-Reverte que las guerras que Homero contaba no habían cambiado tanto, al final seguían siendo seres humanos llevados al extremo, miedo, orgullo, fatalismo, violencia, resignación, valor, crueldad.
En todo el libro hay narraciones importantes, todas muy del estilo de autor, demostrando conocer la cultura clásica, sin ocultar los riesgos ni el miedo padecidos, pero siempre como en muchas de sus novelas (Alatriste, Falcó, por ejemplo) con ese punto chulesco, pícaro que, en cierto modo, quita dramatismo a alguna de sus crónicas, por otra parte, magistrales.
Me han gustado mucho las páginas dedicadas a los medios donde trabajó, sobre todo “Pueblo”, cómo relata el trabajo en las redacciones de los periódicos de entonces, ese “periodismo canalla” que, para los que admiramos el Periodismo (con mayúscula), este libro y esas viejas redacciones llenas de humo, de ruido y de güisqui, de discusiones, de trabajo, son un deleite de lectura. Ahora las redacciones son espaciosas, silenciosas, limpias de humo.
Termino con una referencia. Les recomiendo que busquen el artículo que Pérez-Reverte publico en el XL Semanal el 1.11.2015, en la que cuenta la despedida de Héctor y Andrómaca, en la Ilíada de Homero. Y como vivió con sus propios ojos una despedida igual y la cuenta con maestría y emoción. Y termino. Soy seguidor y lector de su obra, no sabría decir que libro me ha gustado más o me parece el mejor, hay varias obras maestras. Pero he releído ahora “El pintor de batallas” porque me parece que allí están las claves del libro de hoy. “El pintor de batallas” me parece injustamente denostada, a mí, me parece de las mejores. Y entre ese grupo de “mejores”, desde ahora tengo, para siempre, este “Enviado especial”. Léanlo. Les gustará. Imprescindible. Al menos, a mí me lo parece.

Heliodoro Albarrán
