El estrecho de Ormuz, punto estratégico de apenas 33 km de ancho en su punto más estrecho y por el que pasa el 20% del petróleo mundial, lo que equivale aproximadamente a 13 millones de barriles diarios (consultora Kpler). Este petróleo va dirigido principalmente a los países asiáticos, pero, como habrán podido observar, las consecuencias del cierre del estrecho las pagamos todos. El precio del petróleo rozó el lunes los 120 dólares, marcando máximos desde que comenzó la guerra de Ucrania. Por otro lado, los precios del gas licuado llegaron a cotizarse ayer un 75% por encima de la semana anterior. Por tanto, este corredor energético se ha convertido en la pieza clave de la economía mundial.
El aumento de los precios ya se puede empezar a notar en gasolineras y pronto y se trasladará a la cesta de la compra. Si aumenta el coste de la energía, aumentan los productos que utilizan dicha energía y por tanto se producirá un shock inflacionario que nos empobrecerá a todos como ya sucedió en 2022 con la invasión rusa sobre Ucrania. Pero esta vez la guerra la han iniciado “nuestros amigos”.
Los gobiernos de toda Europa están preparando posibles medidas para mitigar los efectos que tenga la inflación sobre el bienestar de las familias; se estudian medidas como la bajada del IVA, IRPF en función de los niños, ayudas energéticas… Pero eso, que no os engañen, lo pagamos nosotros, seguramente endeudándonos más y, por ende, las futuras generaciones, a las cuales estamos hipotecando sin ningún tipo de pudor. Y esta es la parte económica del conflicto, porque en lo que respecta a la parte moral.
“Nuestros amigos” han iniciado una guerra para derrocar a un régimen dictatorial y sanguinario que lleva 25 años a punto de conseguir armas nucleares, por cierto, apoyándose para ello en regímenes dictatoriales como Arabia Saudí, Qatar, Emiratos Árabes Unidos… La doble moral del mundo en que vivimos empieza a ser, a mi juicio, insoportable.
Ningún país occidental que se considere demócrata y por tanto tenga como base fundamental la ley debería justificar o defender una guerra a todas luces ilegal. Lo curioso es que algunos mandatorios afirman que la guerra no cumple con el derecho internacional y, sin embargo, la justifican. Alegando, por ejemplo, que los derechos humanos están por encima del derecho internacional, cuando realmente los derechos humanos nacen del derecho internacional. Nos contarán estos tipos que juegan a la guerra que las muertes de niños y niñas inocentes son un mal menor e inevitable en una guerra, que el aumento del coste de la vida y, por tanto, el empobrecimiento de sus naciones era necesario y que el futuro será mejor, pero la realidad es que, como dijo Paul Valery, “La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen, para provecho de gentes que sí se conocen, pero no se masacran”.
David García – Foj
