PP 33, PSOE 30, Vox 14

Así quedaron las Cortes de Castilla y León tras el 15 de marzo.  Desde la misma noche electoral, las opiniones se han multiplicado. Hay quienes, ignorando la aritmética, aún sueñan con investiduras minoritarias o apoyos puntuales del PSOE que resultan inverosímiles. Otros desafían el relato de moda y otorgan a Vox más mando del que merece. Tampoco faltan quienes convierten el resultado regional en simple munición para la contienda de Madrid.

Como siempre, la realidad depende del cristal con que se mire. Desde que tengo memoria miro la vida a través de unos cristales no siempre limpios, pero no dejo de tener la sensación de que nos estamos saliendo de cuadro. ¿No estaremos olvidando para qué nos convocaron a las urnas y qué quisimos hacer con nuestro voto?

No niego que algunos depositaran la papeleta como quien rellena una quiniela, solo para comprobar si aciertan el ganador. Pero la mayoría elegimos a quienes creemos que gestionarán mejor lo común. No por adhesión ciega a una sigla o a un color, sino porque confiamos en que harán el trabajo con más sensatez que el resto.

Si los procuradores tienen esto claro, formar un gobierno estable no debería ser un drama. Una vez sentados en el escaño, sus recetas chocan frontalmente -es evidente-, pero la obligación de acordar unos mínimos es idéntica para todos.  No hay lugar para la estridencia, el improperio o la gesticulación vacía. Nada de eso es útil. No es momento de trincheras, sino de negociar y ceder. Sin prisa, pero sin pausa.

Aquí no sirve escudarse en conflictos lejanos para esconder la incapacidad de presentar unos presupuestos, a imitación de esa parálisis que hoy bloquea otras esferas. En la meseta, el mal tiempo nunca ha justificado la inacción; simplemente obliga a madrugar más.  Dejemos a un lado el debate nacional de tertulia.

Aquí solo cabe una pregunta práctica: ¿por dónde empezamos?

El ciudadano de León, de Salamanca, de Segovia o de Soria no demanda épica internacional. Quiere saber si el próximo invierno habrá calefacción en los consultorios rurales, si el ganadero podrá pagar la luz sin arruinarse, si llegarán los fondos europeos sin bloqueos y si los pueblos mantendrán la escuela y el médico.

El mandato fue claro: el PP ganó, pero sin mayoría absoluta; el PSOE le sigue a tres escaños; Vox sumó 14 y el resto obtuvo 5 asientos. Juntos conforman una cámara de 82 representantes obligados a entenderse. No son alineaciones de rugby buscando marcar un ensayo.

El encargo de las urnas es formar un ejecutivo estable que gestione los problemas reales y los convierta en soluciones, no en armas arrojadizas. A partir de ahora, en política solo debe caber el diálogo, sobre todo cuando se trata de lo esencial.

¿Tan difícil es que todos, sin excepción, dejen la pose en el guardarropa del elegante edificio de las Cortes regionales y se pongan a trabajar?

No debería serlo. Ahora sí: menos ruido y más nueces.

Javier López-Escobar

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