En el ecuador de su visita a España y a falta de lo que aún pueda decir en Barcelona y, sobre todo, en Canarias, León XIV ha dejado ya sus recaditos a la sociedad española. Ha hablado alto y claro el sucesor de Pedro, aunque no todos estén dispuestos a darse por enterados.
Lógicamente, ha hecho una defensa de la vida, mostrando el rechazo de la Iglesia al aborto y a la eutanasia (hoy voy a dejar a un lado la hipocresía de muchos de los que se suman a este rechazo al aborto, pero luego hacen de su capa un sayo). “Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia”, dijo el Papa. Y entonces algunos gritan a los cuatro vientos que León XIV ha dado una colleja al malvado Gobierno de coalición por sus leyes para GARANTIZAR, nunca OBLIGAR, que en este país se pueda abortar y se pueda solicitar la eutanasia con todas las garantías legales y sanitarias.
Perfecto, amigo lector. Aceptemos que León XIV ha enmendado la plana al malvado Pedro Sánchez.
Pero entonces, fijémonos en otras sentencias del agustino que ahora se sienta en la Cátedra de Pedro: “Expreso mi agradecimiento a vuestro país por su fidelidad al derecho internacional y al multilateralismo, que se traduce en un compromiso activo con la paz y la solidaridad entre los pueblos”. Parece más que un evidente respaldo a la posición del malvado Pedro Sánchez y su Gobierno ante la guerra y el genocidio en Gaza.
Pero sigamos: “La situación de los migrantes y refugiados exige una respuesta que mire a las personas, afronte las causas que las obligan a partir y vaya más allá de la mera gestión de flujos. De ahí nace una doble exigencia de justicia social: ofrecer vías seguras y legales, una acogida respetuosa y posibilidades reales de integración; y promover, al mismo tiempo, el derecho a permanecer en la propia tierra”. No sé usted, amigo lector, pero a mí esto me suena a que Su Santidad está más por una regularización de inmigrantes que impulse su integración, que por una racista prioridad nacional defendida por el partido verde de ultraderecha y tragada por el PP con poca resistencia.
Tampoco se ha callado León XIV ante los obispos. Pero aquí ha sido más comedido y es, para mí, el gran “pero” a su visita. Ojalá sea más contundente antes de volver a Roma, aunque me temo que no. Me estoy refiriendo a su brevísima referencia a los abusos y a la pederastia en el seno de la Iglesia. Ni siquiera se atrevió el obispo de Roma a decir esas palabras y lo edulcoró hablando de “plaga”: “Como veis, nuestro viaje está hecho de encuentros, en ellos no faltarán los que viven momentos de oscuridad, y nos reclaman que nos hagamos para ellos samaritanos. Uno de los más dolorosos es con aquellos que han sido heridos precisamente por quienes debían cuidarlos, incluso por miembros del clero. Ante esta plaga, la comunidad eclesial está llamada a responder con la escucha, la verdad, la justicia, la reparación y un compromiso cada vez más decidido en la prevención y la cultura del cuidado. Cada persona herida debe poder encontrar escucha sincera, acogida, protección y caminos reales de sanación”.
Y nada más.. y sabe a poco, a muy poco. Porque estaba hablando ante muchos de los que encubrieron y miraron a otro lado. Y sabe a muy poco porque, sí, se ha reunido con víctimas de esa “plaga”, de esos asquerosos delitos perpetrados por sacerdotes y religiosos; pero no con todas las asociaciones que las representan.
Sé que soy un iluso, amigo lector, al pensar que quizá, cuando esté en Montserrat, esa abadía zona cero de ese asqueroso delito que León llama plaga; quizá allí sea más explícito y les diga a esos mojes que eso de declarar su insumisión moral y negarse a indemnizar a las víctimas no es muy evangélico que digamos…
Y al hilo de la visita del Papa, permítame amigo lector, que recuerde las últimas manifestaciones de monseñor Argüello sobre quiénes pueden y quiénes no pueden comulgar: «si nuestra situación o estado de vida es incompatible con la plena comunión con el Señor y su Iglesia por estar participando de una relación pecaminosa, en abusos respecto de otras personas, ya sea en el campo económico, laboral, ya sea en el campo psicológico o afectivo, o defendiendo públicamente posiciones contrarias a la moral cristiana, no podemos acercarnos a comulgar”. Ale.
Yo le preguntaría a don Luis cómo puede se puede sentar cátedra con ese desparpajo y días después asistir lleno de gozo y elevación espiritual a una Eucaristía con más de un millón de asistentes y para la que se habían preparado más de 400.000 formas para consagrar. Porque digo yo que entre quienes el domingo comulgaron habría una selecta representación de esos “estados de vida incompatibles con la plena comunión con el Señor”. Alguno incluso llevaba hasta alzacuellos…
Pero bueno, don Luis tan contento porque la plaza estaba a reventar, la Eucaristía fue chulísima y oye, que se comulgó sin poder, pues…ya si eso otro día pedirá cuentas.
En fin, no voy a seguir, por ahí, amigo lector, que me enciendo.
A la espera de los siguientes recados que aún pueda mandar el Papa León, yo me quedo con dos frases que me pienso imprimir en A3 a todo color para colocarlas en mis redes sociales y hasta en una pared de mi casa:
“Os pido arrodillarnos ante Dios y ante el prójimo, porque nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano”.
«La firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillación».
Seré tonto, pero oiga, que me han encantado. Gracias, Papa León.
Rubén García de Andrés
