Menores no acompañados. Números frente al ruido

El Registro de Menores Extranjeros No Acompañados (RMENA), coordinado por la Fiscalía General del Estado, contabilizaba a 31 de diciembre de 2024 un total de 16.041 inscritos. Los datos más recientes sitúan en 13.964 la cifra de menores extranjeros no acompañados registrados actualmente en España.

Por nacionalidades, los marroquíes representan el 27,4 % del total, seguidos de senegaleses (14,8 %), malienses (11,2 %), ucranianos (10,5 %), gambianos (9,2 %) y argelinos (9 %). El resto se reparte entre otras nacionalidades.

Según el Ministerio de Inclusión, a 31 de marzo de 2026, 21.104 jóvenes de entre 16 y 23 años habían sido menores tutelados o extutelados y contaban con autorización de residencia en vigor. De ellos, el 56 % se encontraba en alta laboral en esa fecha.

En Ceuta, la situación es más difícil de cuantificar. Un censo realizado por asociaciones vecinales de la barriada de El Príncipe contabilizó 4.860 menores, mientras que los registros oficiales recogían 1.342. Son cifras obtenidas mediante procedimientos distintos y no pueden sumarse entre sí. Esta discrepancia evidencia que existe un número importante de menores que permanece fuera de los dispositivos ordinarios de protección, algunos de los cuales duermen al raso, en zonas boscosas o en naves industriales sin servicios básicos, mientras otros son acogidos de forma solidaria por familias particulares de la zona.

Más allá de las discrepancias entre los registros, estamos hablando de miles de menores en una situación de extraordinaria vulnerabilidad. Todo el mundo se pregunta: ¿qué será de estas criaturas? Eso cuando no se difunde, directamente, el temor a que terminen en la marginalidad y la delincuencia. Lo cierto es que se enfrentan a distintas trayectorias.

Trayectoria de éxito: estudios y empleo. Una parte importante encuentra su camino hacia la formación y el empleo. Según el Ministerio de Inclusión, el 62 % de los menores no acompañados en edad laboral y jóvenes extutelados cotizaba a la Seguridad Social en septiembre de 2025. Entre los jóvenes extutelados de 18 a 23 años, la proporción alcanzaba el 72 %. Estudios de entidades como la Federación de Entidades con Proyectos y Pisos Asistidos (FEPA) elevan todavía más esta perspectiva: hasta un 89 % de los jóvenes extutelados estudian, trabajan o compaginan ambas actividades. Su entrada en el mercado laboral se concentra principalmente en hostelería, agricultura, construcción y servicios auxiliares.

Trayectoria de marginalidad y delincuencia: la minoría. Los datos no permiten establecer una vinculación directa y masiva entre estos menores y la delincuencia, aunque sí reflejan una vulnerabilidad extrema cuando el sistema de protección falla. Los estudios disponibles muestran una incidencia delictiva superior a la media en determinados grupos, pero lejos de convertirla en la trayectoria mayoritaria. Entre los delitos registrados aparecen hurtos, lesiones y otros delitos de carácter callejero. La marginalidad puede aumentar especialmente al cumplir la mayoría de edad si no han logrado renovar su documentación, encontrar empleo o disponer de una red de apoyo.

Trayectoria de explotación y trata. Esta es la realidad más difícil de cuantificar estadísticamente porque buena parte de ella se mueve en la clandestinidad. No existe un censo de «menores víctimas de explotación sexual», pero sí indicadores de riesgo. Según los balances del Ministerio del Interior y el CITCO sobre trata, se identifican anualmente menores víctimas de explotación y trata. El macroestudio del Ministerio de Igualdad señala que la franja de 18 a 24 años es la que presenta la mayor tasa de mujeres en situación de prostitución: 189 por cada 10.000. Los datos disponibles no permiten determinar cuántas de ellas fueron previamente menores tuteladas, pero sí muestran la especial vulnerabilidad de este grupo de edad. Del mismo modo, algunos menores que abandonan los centros de protección pueden quedar expuestos a redes de trata, explotación sexual o delincuencia forzada, una posibilidad advertida por organismos y entidades dedicados a la protección de la infancia.

Que terminen transitando una u otra de estas trayectorias depende más de nosotros que de ellos. Digo todo esto por si sirve para aclarar ideas y filtrar los cantos de sirena que, por interés político, nos hacen llegar insistentemente personas que piensan en todo menos en los niños. De política hablaremos otro día, hoy no toca. Avisados estamos.

 

Javier López-Escobar

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