Entre las funciones de los agentes medioambientales de la Junta de Castilla y León se encuentra la de velar por la conservación, protección y mejora del patrimonio natural, la riqueza forestal, la flora y la fauna silvestre dentro del territorio de la Comunidad.
Con la llegada de la primavera y el inicio del verano comienza un periodo especialmente importante para la conservación de numerosas especies, al coincidir con su época reproductiva. Entre los trabajos que desarrollan los agentes medioambientales del Servicio Territorial de Medio Ambiente de la provincia de Segovia se encuentra el seguimiento y protección de una especie estrechamente ligada a los campos de cereal: el aguilucho cenizo (Circus pygargus).
Se trata de un ave migratoria estival que utiliza estas latitudes para criar y que instala sus nidos con frecuencia directamente en los cultivos de cereal, una circunstancia que, al mismo tiempo que le proporciona un espacio para reproducirse, la hace especialmente vulnerable durante las labores de cosecha.
Para proteger los nidos de aguilucho cenizo durante la cosecha, una de las actuaciones que se ha llevado a cabo en la provincia de Segovia se ha realizado en la comarca de Cuéllar, donde los agentes medioambientales han intervenido para reducir el impacto de las labores agrícolas y contribuir a la conservación de esta singular rapaz.
El adelanto de la cosecha del cereal, relacionado con factores como el déficit de precipitaciones, el aumento de las olas de calor, el uso de variedades de cereal de maduración más temprana y la rapidez de las actuales labores de recolección, es una de las principales amenazas para la especie. Como consecuencia, en muchos casos la cosecha se realiza antes de que los pollos hayan completado su desarrollo y abandonado el nido.
A esta problemática se suma el incremento de la superficie de cereal aprovechada mediante siega en verde durante el mes de mayo, que puede afectar a nidos que todavía contienen huevos o incluso a hembras incubando.
Para evitar en la medida de lo posible esta situación y permitir que los pollos completen el ciclo de desarrollo necesario para realizar sus primeros vuelos, los agentes medioambientales realizan labores de vigilancia y seguimiento para localizar los nidos y, una vez confirmada su ubicación, se ponen en contacto con los agricultores para acordar las medidas de protección más adecuadas en cada caso.
Una de ellas consiste en la delimitación física de una superficie alrededor del nido, unos rodales que no sean segados durante la cosecha o cercones de protección frente a depredadores terrestres. Otra medida es el retraso temporal de la cosecha, que puede ser de entre 7 y 15 días y permite, en muchos casos, que los pollos completen su desarrollo y abandonen el nido antes de la recolección. Además, los agricultores colaboradores reciben una compensación económica por la aplicación de estas medidas.
Hay que destacar que el aguilucho cenizo es un aliado natural de los campos, ya que se alimenta de una gran variedad de pequeños animales, principalmente roedores y topillos, así como de otros vertebrados e invertebrados, entre ellos culebras, lagartijas e insectos. Su presencia adquiere especial importancia cuando se producen desequilibrios en las poblaciones de estas especies que pueden ocasionar daños en las cosechas.
Los últimos datos de seguimiento reflejan un importante descenso de las poblaciones de la especie, que ha llegado a alcanzar hasta un 25% en un periodo aproximado de 15 años. En el conjunto de Castilla y León, los datos disponibles estiman un descenso del 57% entre 2002 y 2021, por lo que el aguilucho cenizo está catalogado como ‘vulnerable’ en el Catálogo Español de Especies Amenazadas.
La localización de los nidos constituye una parte esencial de los trabajos de conservación. Los agentes medioambientales y celadores de la Junta hacen el seguimiento de estas rapaces migratorias de mediano tamaño que viajan a Castilla y León entre abril y septiembre.
Además, los equipos mantienen una relación directa con agricultores y conductores de cosechadoras, informándoles sobre la situación de la especie y sobre cómo actuar en caso de detectar un nido durante los trabajos agrícolas.
La colaboración de los agricultores resulta fundamental para hacer compatibles las labores de cosecha con la protección de la especie. Estas actuaciones permiten reducir el impacto de la actividad agrícola sobre los nidos y favorecer la supervivencia de los pollos, al tiempo que contribuyen al mantenimiento de la biodiversidad y del equilibrio natural de los ecosistemas agrarios.
