El Restaurante Casares acogió una nueva velada del XVII Otoño Enológico de la Fundación Caja Rural de Segovia, con cuatro elaboraciones de la familia bodeguera como protagonistas de una experiencia gastronómica guiada por el sumiller Paco Plaza.
Hay lugares donde el vino sabe todavía mejor. Quizá sea por el escenario, por la compañía o por esa manera de entender la gastronomía que convierte una cena en algo que merece la pena recordar. El Restaurante Casares volvió a reunir todos esos ingredientes en una noche especialmente cuidada.
A los pies del Acueducto, la propuesta invitaba a recorrer distintas regiones vitivinícolas españolas de la mano de la familia Juan Gil, uno de los grandes nombres del panorama vinícola nacional. Con más de un siglo de historia, el proyecto nacido en Jumilla ha sabido crecer más allá de sus orígenes, reuniendo bodegas en diferentes denominaciones de origen y apostando por la personalidad de cada territorio.

El sumiller Paco Plaza condujo este particular viaje enológico, que comenzó con las burbujas de Cantagrillos Brut, de Bodegas Tridente, elaborado con malvasía castellana, para continuar con Shaya Habis, un verdejo de Bodegas Shaya. Desde allí, las copas viajaron hasta Jumilla con Juan Gil Etiqueta Azul, un monastrell de carácter y personalidad, antes de detenerse en Campo de Borja con Morca, una garnacha que puso el broche al recorrido.
En la mesa, Santiago Ortiz y su equipo volvieron a demostrar su capacidad para sorprender con una cocina imaginativa y llena de matices. Desde las kokotxas a baja temperatura con su pilpil hasta la carrillada de angus acompañada de croissant de mantequilla y espuma de parmesano curado en vermú rojo, cada elaboración encontró en el vino un compañero de viaje.
Gaspar Payá y Cristina Hasenflue pusieron la nota musical con sus interpretaciones de jazz, soul y música de raíz, acompañando los brindis y las conversaciones animadas en ese ambiente cercano que caracteriza las veladas de Casares.
Una copa, buena música, el Acueducto iluminado y muchas ganas de disfrutar. A veces, no hace falta mucho más.
La Viña de San Rafael: tradición familiar, grandes vinos y el placer de compartir
Más de setenta años de historia contemplan las mesas de La Viña, en San Rafael. Tres generaciones de una misma familia han hecho de este restaurante un lugar de encuentro y de celebraciones. Hoy, de la mano de los hermanos Jaime y Desi Pesquera, aquella historia continúa escribiéndose con la misma pasión por la hostelería y las puertas abiertas, un año más, al Otoño Enológico de la Fundación Caja Rural de Segovia.
Tras el magnífico sabor de boca que dejó su estreno el pasado año, La Viña repitió experiencia con la ilusión de quien disfruta haciendo felices a los demás. Jaime, vinculado a la hostelería desde los 16 años, conoce bien el sacrificio de una profesión que ha vivido desde niño, pero también la satisfacción de ver un comedor lleno de gente disfrutando.
Para esta segunda ocasión, el restaurante contó con una invitada de excepción: Bodegas Arzuaga, una de las firmas más emblemáticas de la Ribera del Duero. Ubicada en Quintanilla de Onésimo, en plena Milla de Oro de esta denominación, la bodega familiar ha construido su prestigio alrededor de unos vinos que combinan tradición, personalidad y elegancia.
Daniel Couceiro, representante de Bodegas Arzuaga, condujo una cata que permitió descubrir tres expresiones diferentes de la bodega. El recorrido comenzó con Fan D’Oro 2025, un Chardonnay que acompañó unas vieiras gratinadas. Continuó con Pago Florentino 2023, un tinto nacido en tierras de Ciudad Real, maridado con boletus laminados con huevo. Y culminó con Arzuaga Crianza 2023, servido junto a una pluma de cerdo ibérico con salsa de pimienta y patatas baby.
La música en directo de Mala Mujer, con sus versiones de pop rock, aportó ese ambiente de complicidad y cercanía que convierte una cata en mucho más que una degustación de vinos.
La cita de San Rafael fue, además, un buen ejemplo de cómo el Otoño Enológico ha ido creciendo más allá de la capital segoviana, hasta alcanzar en esta decimoséptima edición doce municipios. Una apuesta de la Fundación Caja Rural que responde a la fuerte implantación de Cajaviva en los pueblos segovianos y a su voluntad de acercar también a ellos grandes bodegas, propuestas culturales y experiencias gastronómicas, dando protagonismo a restaurantes y personas que, como Jaime y Desi, llevan toda una vida detrás de sus barras y fogones.
En La Viña quedó demostrado una vez más que no hace falta ser un experto en vinos para disfrutar de una buena cata. Basta con tener ganas de compartirla.
Ossian, el orgullo de una tierra que ha conquistado el mundo del vino
El XVII Otoño Enológico de la Fundación Caja Rural de Segovia abrió las puertas de una de las grandes joyas de nuestra tierra. Una experiencia exclusiva en Ossian Vides y Vinos, parte de Alma Carraovejas, el proyecto liderado por el segoviano Pedro Ruiz, que reunió grandes vinos, gastronomía, música y solidaridad.
Hay algo profundamente emocionante en saber que algunos de los mayores tesoros de nuestra tierra llevan siglos entre nosotros. En los campos de Nieva, entre pinares y tierras arenosas, crecen unas cepas de verdejo que han visto pasar generaciones enteras. Algunas tienen más de doscientos años. Han sobrevivido a la filoxera, a los cambios del paisaje y al paso del tiempo. Y hoy, gracias a Ossian Vides y Vinos, sus uvas dan vida a algunos de los vinos blancos más extraordinarios de España.

Hasta este rincón tan especial de nuestra provincia llegaron el viernes poco más de treinta apasionados del vino, dispuestos a dejarse sorprender por una de las experiencias más exclusivas del XVII Otoño Enológico de la Fundación Caja Rural de Segovia. Una de esas veladas que invitan a disfrutar sin prisas, a descubrir lo que hay detrás de cada copa y a sentir el orgullo de tener tan cerca un proyecto admirado mucho más allá de nuestras fronteras.
El privilegio de descubrir Ossian
Quintaluna, Ossian y Capitel fueron los encargados de abrir una noche que permitió descubrir tres magníficas interpretaciones de la verdejo segoviana. Tres vinos nacidos de una tierra excepcional, capaces de transmitir la personalidad de unos viñedos que han resistido el paso de los siglos.
Después llegó el momento de adentrarse en la nueva bodega, inaugurada en 2025, y conocer de cerca el cuidado y la sensibilidad con los que se trabaja este extraordinario patrimonio vitícola. La experiencia permitió también acercarse a «Trilogía pueblos y suelos», una propuesta que invita a descubrir los matices de cada paisaje, la singularidad de sus parcelas y esa relación casi íntima entre la tierra y el vino.
Una historia de familia, raíces y grandes sueños
Detrás de Ossian late una historia profundamente segoviana. La de José María Ruiz, el hostelero que convirtió su restaurante en un referente de nuestra gastronomía y que hace más de tres décadas decidió perseguir otro sueño: crear Pago de Carraovejas, en Peñafiel. Y la de su hijo, Pedro Ruiz Aragoneses, que recogió aquel testigo en 2007 y ha sabido llevarlo mucho más lejos, sin perder la pasión de sus orígenes.
Hoy, Alma Carraovejas es una gran familia de bodegas que comparte una misma sensibilidad. Desde Pago de Carraovejas y Milsetentayseis, en tierras de Ribera del Duero, hasta Viña Meín y Emilio Rojo, en el Ribeiro gallego; Aiurri, en Rioja Alavesa, o Bodega Marañones, en la sierra de Gredos. Paisajes diferentes, vinos con personalidad propia y una misma ilusión por cuidar aquello que hace único a cada lugar.
Ossian se incorporó a esta familia en 2013. Y quizá por eso emociona especialmente comprobar cómo unas viñas que llevan siglos formando parte del paisaje de nuestros pueblos se han convertido hoy en motivo de admiración para los grandes amantes del vino. Pedro Ruiz Aragoneses lo ha expresado con unas palabras que resumen el sentimiento que rodea este proyecto: «Como segovianos que somos, entendemos Ossian como un patrimonio único». Una declaración que cobra todavía más sentido al recorrer sus viñedos y descubrir el extraordinario legado que esta familia se ha propuesto preservar para las generaciones futuras.
Gastronomía con estrella y música en vinilo
La noche tuvo también ese encanto especial de las reuniones en las que nadie mira el reloj. Los asistentes disfrutaron de un cóctel elaborado por la cocina de Ambivium, el prestigioso restaurante de Peñafiel distinguido con una estrella Michelin, mientras descubrían una selección de vinos de los diferentes proyectos de Alma Carraovejas. Copas que invitaban a viajar desde Segovia hasta Galicia, Rioja o Gredos, entre conversaciones, brindis y el placer de compartir una experiencia difícil de repetir.
Y todo ello acompañado por el DJ set en vinilo de Solid Gold, que puso música a la parte más distendida de una velada en la que la gastronomía, los grandes vinos y el buen ambiente encontraron una combinación perfecta.
La experiencia tuvo, además, un significado solidario muy especial, con la recaudación íntegra destinada a una causa benéfica. Una hermosa manera de recordar que compartir lo mejor de nuestra tierra también puede servir para ayudar a los demás.
Para la Fundación Caja Rural de Segovia, que lleva diecisiete años acercando la cultura del vino a nuestra provincia a través del Otoño Enológico, abrir las puertas de proyectos como Ossian tiene un valor especial. Porque detrás de sus vinos hay personas, generaciones de trabajo y una familia segoviana que ha sabido convertir una pasión en algo extraordinario.
El viernes, poco más de treinta privilegiados pudieron sentirlo de cerca. Descubrieron grandes vinos, disfrutaron de una gastronomía excepcional y compartieron una noche llena de pequeños momentos que permanecerán en el recuerdo.
Y mientras el mundo del vino mira con admiración hacia Ossian, sus viejas cepas siguen ahí, en los campos de Nieva, hundiendo sus raíces en la misma tierra que las ha visto crecer durante siglos.
Una tierra que también es la nuestra.
