Un atentado al paisaje de Segovia

La verdad es que ser práctico no es la mejor opción cuando de cuidar una joya se trata. Lo que ha ocurrido en Segovia en la calle de San Agustín, San Facundo y la plaza de Doctor Laguna, asfaltando con el más negro betún, el pavimento parece de otro tiempo. De aquellos tiempos en los que se podía derribar un arco de entrada a la ciudad antigua de Segovia, como era la Puerta de San Martín, que era uno de los principales accesos situado en la muralla de la ciudad, esta puerta de hecho estaba vinculada a la Casa de los Picos y constituía una pieza defensiva. En muchas ciudades desaparecían elementos arquitectónicos históricos porque no parecían importantes y no existía sensibilidad suficiente para mantenerlos y garantizar su conservación.

En Segovia hemos visto y seguimos viendo cómo piezas fundamentales de su patrimonio histórico están descuidadas; el propio Acueducto, que es la obra fundamental y que es única, presenta falta de atención en algunas partes del mismo, y no es percibido de forma general.

El propio Palacio de Enrique IV, que permanece cubierto sin tomar ninguna decisión sobre su uso y que fue descarada y abiertamente abocado a su derrumbe interior por la propiedad, sin que desde el Ayuntamiento de la ciudad se moviera un dedo para impedirlo, autorizando incluso que se construyeran viviendas de lujo y que solo la decisión de la Consejería de Cultura y Turismo en 2005 de expropiarlo impidió que fuera destrozado. Son ejemplos del abandono y la falta de priorización del patrimonio histórico de la ciudad, como realmente se merece una ciudad que está declarada patrimonio mundial por la UNESCO. Estos son solo algunos ejemplos.

La trama histórica de Segovia y su arquitectura están intrínsecamente vinculadas a su paisaje y a la belleza de la ciudad; por este motivo, cualquier decisión que se tome debería considerarse como una intervención en el “paisaje del alma” de la ciudad.

Una ciudad como Segovia debe proteger la integridad y el uso de los materiales originales que conforman la ciudad. El adoquín forma parte de la historia, realmente obliga a ir más despacio y mantiene la estética que hace a Segovia especial. Además, el adoquín no retiene tanto el calor en verano, a diferencia del asfalto que crea “islas de calor”; son solo algunas de las cualidades de este material.

El adoquín se ha mantenido en Segovia a lo largo de su historia, si bien es verdad que el mantenimiento obliga a tener una planificación ordenada para poder realizarlo con el tiempo necesario y ocupando los espacios de forma progresiva para su restauración, pero eso es lo que tiene la previsión y organización de las obras; para eso se prevé lo que necesita una ciudad, y lo lógico hubiera sido que desde el Ayuntamiento se hubiera ido programando y planificando la renovación del adoquín con tiempo, sin esperar a que estas calles fueran intransitables.

Se podían haber pensado soluciones intermedias que ya se han usado en muchas ciudades europeas y que son exitosas, que preservan la estética de la ciudad y que consisten en colocar adoquín serrado, que supone cortar la parte superior del adoquín para que sea totalmente plana y el resultado desde el punto de vista funcional es tan liso como el asfalto.

Combinar materiales, sin dejar de usar el adoquín, aprovechando que existen múltiples tipos de piedras en el mercado y que la innovación en esta materia, como en casi todos los materiales, actualmente es realmente increíble.

Caben muchas opciones y muchas soluciones que se podían haber adoptado de una manera pausada y pensada, estudiando las diferentes opciones, trabajando con tiempo, con previsión. Desde luego que lo práctico e improvisado, responder de golpe a una situación insostenible, porque estas calles se habían convertido en intransitables, no es la mejor solución.

Había que haber actuado antes, pero para eso hace falta previsión, sobre algo que está ahí todos los días; las calles no aparecen de golpe, de un día para otro, están en el panorama del día a día. Es un trabajo de mantenimiento continuado y la solución no puede ser, cuando ya se ha dejado que el deterioro se colme, optar por lo más práctico, porque la belleza de una ciudad como Segovia se merece el cuidado y el trato que cualquier joya preciosa necesita, los orfebres y el procedimiento más cuidadoso para repararla.

Silvia Clemente

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