Durante meses, cada vez que desde el Grupo Municipal Socialista hacíamos preguntas sobre Rosalía Serrano, la respuesta del alcalde era siempre la misma: no había caso. Todo estaba perfectamente aclarado. Todo era transparente. Todo se ajustaba, según decía, a una actuación “escrupulosa” y “limpia”. La oposición, venía a decir el Partido Popular, estaba intentando construir artificialmente una polémica donde no existía ningún problema.
Hoy, sin embargo, la realidad es bastante distinta. La que fuera primera teniente de alcalde, concejala de Hacienda, portavoz del Gobierno municipal y máxima persona de confianza de José Mazarías está siendo investigada judicialmente por presuntos delitos de prevaricación, tráfico de influencias y desobediencia.
Y entonces surge inevitablemente la pregunta: si no había caso, ¿por qué hemos llegado hasta aquí?
Porque conviene recordar cómo empezó todo. Fue en septiembre de 2024 cuando desde el Grupo Municipal Socialista comenzamos a advertir públicamente de una situación que, como mínimo, resultaba profundamente cuestionable. Rosalía Serrano llevaba desde enero de ese mismo año cobrando una dedicación exclusiva del Ayuntamiento mientras mantenía cargos de administración y actividad vinculada a sociedades empresariales que no habían sido declaradas correctamente.
Aquello no apareció de repente en octubre de 2025. No fue una sorpresa de última hora. No fue un descubrimiento casual. Fueron cerca de 18 meses de preguntas, documentación, comparecencias, solicitudes de información y denuncias públicas por parte de la oposición mientras el alcalde cerraba filas alrededor de su mano derecha.
Y aquí está una de las cuestiones más graves de todo este episodio: José Mazarías supo desde muy pronto que había un problema. Lo sabía porque se le advirtió reiteradamente. Lo sabía porque el Grupo Municipal Socialista puso encima de la mesa documentación e informaciones concretas. Lo sabía porque la situación fue escalando políticamente durante meses hasta hacerse insostenible. Sin embargo, no actuó.
De hecho, resulta especialmente revelador que no fuese hasta abril de 2025, ocho meses después de las primeras alertas públicas, cuando el alcalde decidió solicitar un informe a la Secretaría General del Ayuntamiento. Ocho meses. Ocho meses durante los cuales siguió manteniendo a Rosalía Serrano como primera teniente de alcalde, portavoz y responsable de áreas tan sensibles como Hacienda y Fondos Europeos.
Y esa es precisamente la gran cuestión que sigue sin respuesta. Si el alcalde consideraba que no existía ningún problema, ¿por qué pidió ese informe? Y si entendía que sí podía existir una irregularidad, aunque fuera desde el punto de vista ético, moral o político, ¿por qué no actuó?
Porque aquí no estamos hablando únicamente de lo que finalmente determine un juez. Eso corresponderá a la justicia. Estamos hablando también de decisiones políticas y de comportamientos públicos que, como mínimo, eran extraordinariamente difíciles de justificar ante la ciudadanía.
Mientras todo esto ocurría, el alcalde no solo evitó tomar decisiones. Fue más allá: defendió públicamente a Rosalía Serrano hasta el último momento. Acusó a la oposición de generar una campaña de acoso político y llegó a responsabilizar directamente al Grupo Municipal Socialista de la presión que, según él, terminó desembocando en la dimisión de la concejala. Es decir, quienes hacíamos preguntas éramos los culpables. Quienes pedíamos explicaciones molestábamos más que las explicaciones que nunca llegaban ni en plenos, ni en comisiones, ni en ruedas de prensa.
Y quizá por eso resulta tan llamativo el silencio actual del alcalde. Porque después de meses negándolo todo, después de desacreditar a quienes advertíamos de la gravedad de la situación, ahora evita hablar del asunto, desvía la atención y parece querer pasar página cuanto antes. Como si Rosalía Serrano no hubiera sido su principal apuesta política. Como si no hubiera sido la persona en la que depositó toda su confianza institucional. Haciendo suya la frase: “No sé de qué señora es de la que usted me habla”.
Pero los hechos siguen ahí. Rosalía Serrano dejó de figurar como administradora de sus sociedades en julio de 2025. La tensión política fue creciendo hasta desembocar en su dimisión en octubre. Y durante todo ese tiempo el alcalde tuvo oportunidades de sobra para dar explicaciones claras, tomar decisiones y actuar con transparencia ante los segovianos, pero no lo hizo.
Y precisamente por eso también conviene poner en valor algo que algunos parecen olvidar deliberadamente: el trabajo de la oposición. Porque una oposición responsable no está para callarse cuando detecta posibles irregularidades. No está para mirar hacia otro lado por comodidad o cálculo político. Está para fiscalizar, preguntar y defender el interés general, aunque eso implique soportar ataques, descalificaciones o intentos constantes de desacreditar su trabajo.
Ojalá el juez archive la causa. Ojalá esa termine siendo la conclusión final de todo este proceso. Sería, sin duda, la mejor noticia para la ciudad de Segovia. Porque eso significaría que no se habría cometido ningún delito y que nadie habría utilizado las instituciones públicas para un posible beneficio personal.
Pero hasta que la justicia hable, hay algo que resulta irrenunciable: la obligación de exigir transparencia. Y eso es exactamente lo que ha hecho el Grupo Municipal Socialista desde el primer momento. Poner información encima de la mesa. Solicitar documentación. Pedir explicaciones. Y trasladar toda aquella información relevante allí donde correspondía para que fuese analizada con todas las garantías jurídicas. Eso no es embarrar la política. Eso es hacer oposición.
Y quizá por eso hoy algunos estén incómodos. Porque aquello que durante meses intentaron reducir a una invención política ya no puede esconderse bajo ruedas de prensa evasivas ni declaraciones defensivas.
La pregunta, en realidad, sigue siendo la misma.
¿Había o no había caso Serrano?
Y sobre todo: si no lo había, ¿por qué nadie en el Gobierno municipal fue capaz de explicarlo con claridad cuando todavía estaban a tiempo de hacerlo?
Clara Martín
