Antes que nada. Desde la indignación y la rabia. El socialismo sigue matando. Sí, matando. Por su incompetencia, por su falta de gestión, por su indignidad, porque son unos totalitarios, no les importan los españoles, nosotros. Ellos a los suyo, el poder, el dinero, llevárselo como sea, las putas. Se han cargado España, ¡gracias socialistas!, a los con cargo, sin cargo, votantes. Gracias a todos. ¿Qué estáis preparando para el 29 de noviembre? Más disturbios, un atentado, la huelga de los indecentes sindicalistas. ¿Qué más? Puente no dimite, el eslabón perdido de la evolución humana se aferra. Se caerán de golpe. Y nos reiremos. Lo pasaremos mal, pero ellos estarán ladrando, como lo que son. No soy zurdo y me gusta la fruta. Vita pergit.
Hace un año asistimos a un acontecimiento muy poco frecuente. Luis Alberto de Cuenca y Luis Fernández-Galiano pugnaban por conseguir ocupar el asiento “o” de la Real Academia de la Lengua. Y ninguno lo consiguió, no lograron sumar los votos necesarios. Arturo Pérez-Reverte se mostraba indignado por que consideraba que Luis Alberto de Cuenca lo merecía desde hace mucho tiempo y además era la segunda vez que lo intentaba. Esto me hizo buscar un poco más de información. Y he tenido la suerte de que hace un poco de tiempo se ha publicado este libro “La R.A.E. para lectores curiosos” de María José Solano, historiadora, periodista y escritora.
La propia autora dice que el impulso para afrontar este reto fue “¿Cómo se le explica a un hijo adolescente que el lema -Limpia, fija y da esplendor-, no es el eslogan de un producto de limpieza, sino la razón de ser de la institución que custodia el idioma de 500 millones de hablantes?” Y ahí empezó su reto, el de explicar a su hijo y a todos nosotros, de manera sencilla cómo es una institución tan cerrada, tan solemne, tan importante. En el libro, como si fuera una crónica periodística, se cuenta que su origen está en una biblioteca (parece normal ¿no?) Y más concretamente en unas reuniones de sabios, con sus intenciones de imitar a la Academia Francesa, la más importante de su época, repasando los lugares donde se reunían lo que nos lleva a conocer los secretos del subsuelo de la academia. Incluso sabemos el coste que tuvo construir el edificio, dos millones de pesetas. Todo ello en el año 1713, con el reinado de Felipe V. Según una IA serían equivalentes a 40/60 millones de euros actuales.

Por sus páginas pasan nombres como el Arcipreste de Hita, Menéndez Pidal, Antonio de Nebrija, María Moliner. En el libro se nos cuentan anécdotas y secretos de la RAE, el origen del lema, el paso de falsificadores y genios. Curiosa la historia de un trozo del cráneo del Cid Campeador, de 69×57 milímetros, su origen y su periplo hasta llegar a la Academia. Muy interesante. Y los falsos retratos de Cervantes. La Academia quería tener un retrato original del autor del Quijote, estudió algunos retratos, unos tramposos, otros dudosos, hasta que dio como bueno uno de ellos que es el que actualmente se puede contemplar.
Como se sabe, las sillas de los académicos están señaladas con las letras del abecedario, mayúsculas y minúsculas, 46 en total, nunca se han usado la “W”, la “Y” (mayúsculas y minúsculas) ni la “Ñ” mayúscula, ni las “V”, “X” y “Z” minúsculas. Lo curioso es que cuando se reúnen en el Pleno no tienen la obligación de ocupar su letra, pueden sentarse en cualquier asiento.
Es un libro ameno, un ensayo educativo desde el entretenimiento, desde los detalles cotidianos y curiosos. Sin renunciar al rigor histórico. Humaniza la Academia, la pone al alcance de todos. Con una agilidad narrativa importante. En fin, el libro es como una puerta de entrada a una institución poco conocida, te queda la sensación después de leer este libro, de que conoces algo más la RAE. Como dice el título, ensayo muy recomendable para lectores curiosos. Léanlo. Les gustará.
Heliodoro Albarrán
